GNOSIS EXPERIENCIAS

    Quienes no trabajan sobre sí mismos, aquí y ahora, se vuelven cada vez más incapaces,  y sus enemigos interiores, los demonios rojos de Seth, viva personificación de sus defectos psicológicos, se burlan de ellos. S.A.W.  
 
1 MUERTE DEL EGO DE

 LA  PENA AJENA

 

 
 

2 MUERTE DEL EGO DE 

   FALSO SENTIMIENTO DEL HONOR

 

 
 

3 MUERTE DEL EGO DE

 MIEDO A DAR MALA  IMAGEN

 

 

 

4 MUERTE DEL EGO DE  

  MIEDO A LAS CONSECUENCIAS  

 

 
 

5 MUERTE DEL EGO DE

  MIEDO A LA SOLEDAD

 

 
 

6 MUERTE DEL EGO DE

MIEDO AL MIEDO

 

 
 

7 MUERTE DEL EGO DE

    LOS  C E L O S

 

 
 

8 MUERTE DEL EGO DE

   LA ENVIDIA

 

 
 

9 MUERTE DEL EGO DE

 LA S U M I S I O N

 

 
 

10 MUERTE DEL EGO DE

LA VANIDAD  HERIDA

 

 
 

11 MUERTE DEL EGO DE

 LA CRISIS   EMOCIONAL

 

 
 

12 MUERTE DEL EGO DE

UNA FACETA LUJURIOSA

 

 
 13  MUERTE DEL EGO DE UNA      PRESENCIA  LUJURIOSA  
    

14 MUERTE DEL EGO DE

 AUTOREPROCHE EN EL

 RESENTIMIENTO

 

 
 

15  I N I C I A C I O N E S

  PRIMERA PRUEBA DE       LOS CUATRO ELEMENTOS

 

 
 

16 MUERTE DEL EGO

LA LUJURIA A TRAVÉS DE LA IMAGEN

 

 
 

17 MUERTE DEL  EGO

DEL HALAGO Y LA FALSA MODESTIA

 

 
 

18 MUERTE DEL EGO

MIEDO A QUEDAR EN FEO

 

 
 

19 MUERTE DEL EGO

EN EL RECUERDO DE UNA PENA

 

 
20 MUERTE DEL  EGO  

OTRA FACETA DE CELOS

 
 

      21 MUERTE DEL  EGO

    INGRATITUD AJENA

 

 
    

   22 MUERTE DEL  EGO

  UNA FACETA LASCIVA

 

 
    23 MUERTE DEL  EGO

   SENTIMIENTO DE       

    AUTOLASTIMA

 

 
  24 MUERTE DEL  EGO

   ACTO NUPCIAL DE LA

     COBRA DORADA

CONTINUA..........

  25 MUERTE DEL  EGO

     DE LA LUJURIA

      MORBOSA DE LA

      T R A G E D I A

 

 

 
  

  26 MUERTE DEL  EGO

       LIBERAR A LA     

       VIRGEN NEGRA

 

 
   

  27 MUERTE DEL  EGO

     DEL REGISTRO

    ANCESTRO DE LOS

 ARCHIVOS AKASICOS 

 

 
 

   28 MUERTE DEL  EGO

     DE UNA FACETA

   DE LA ENVIDIA EN LA

        I N F A N C I A

   

 
    29 MUERTE DEL  EGO

   LA MAMA OCA O LA

        MADRE  GANSO

 

 
 

  30 MUERTE DEL  EGO

           MIEDO A MI

           DEBILIDAD

     

 
 

   31 MUERTE DEL  EGO

       LAS DISTINTAS

     CARAS DE LA IRA

 

 
   32 MUERTE DEL  EGO

    FRUSTRACIÓN CON

    LA IRA

 

 
   33 MUERTE DEL  EGO

   LA INCERTIDUMBRE

   Y LA DUDA

 

 
    34 MUERTE DEL  EGO

     PENA A HERIR  LOS

 SENTIMIENTOS AJENOS 

 

 
   35 MUERTE DEL  EGO

         L E V I A T A N

      PRIMERA PARTE

    

 
   36 MUERTE DEL  EGO

    L E V I A T A N

   SEGUNDA PARTE

 

 
  37 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    PRIMERA PARTE

 

 
  38 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    SEGUNDA PARTE

 

 
  39 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    TERCERA  PARTE

 

 
   VOLVER A LA

   P R I N C I P A L

 

 

             

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                          

                                                                      

 

CON LA AYUDA DE LA MADRE MUERTE Y LOS 5 AUXILIARES 

ANIQUILAMOS  AL EGO DE LOS CELOS

                                                    

    Esa madrugada cuando la luna iniciaba la bien sabida pugna por subsistir con la noche la Madre Divina  inició su trabajo con una metáfora, quiso explicarnos de forma sencilla que sucedía con los celos y expuso:

        ¡Dentro de cada ser vive el ego de los celos¡  

Los celos van formando capas como si fuera un pastel de mil hojas y  vuestra mente crea su relleno… ¡Merengue, fresa o trufa¡ cualquier aparente dulce da  contenido a esas mil hojas.-

  Ante mi se iba formando una hermosa tarta de infinidad de aromas y colores. Su tamaño era cada vez mayor. Y  la Madre prosiguió…

 -Ese  hojaldre os muestra un contenido ilusoriamente apetitoso; adornado con bonitas guindas rojas de sufrimiento escondido.  Por ello, ante esa  envolvente exquisitez  caéis  en la tentación de probarlo… y en el momento en que una minúscula porción toma contacto con vuestro ser,  se produce una renovada necesidad de comer y  recomer lo comido;  recreándose en el dolor pensado de lo sentido…  como una noria gigante  que no cesa…-

  El cuchillo de la mesa parecía invitar a que la tarta fuera partida y en esos breves instantes la Madre continuó hablando

   - El pensamiento unido a  la sensación de aquello que nos provocó  los celos nos invade y se empiezan a generar un  mundo nuevo donde la lágrima es el sol y la conciencia anublada con los condimentos de la pena, la ira, la rabia, el odio…. se ciega.-

   Después de un silencio la Madre Muerte continuó exponiendo… - Y lo curioso es que ese trozo de pastel,  no tan solo os lo coméis  vosotros solos, sino que vuestras creaciones pueden quedar plasmadas en la realidad ajena  y  llegar a transmitir a los que os acompañan unos “celos  prestados”, es decir,  que si invitáis a tomar un trozo de vuestro mal entendido pastel,  esas impresiones pueden en los demás crear una  vibración similar a la que lo habéis cocinado.

   Se respiraba cierta sensación de tensión, nadie de los presentes parecía querer mover ni la  acción ni el pensamiento, todos estábamos, excepto la Divina, mantenidos en una respiración larga y profunda. Poco después de esa pausa,  que favoreció al entendimiento la Madre continuó…

-         Procura que en el intento de eliminar este ego, tu tarta de celos quede lo más intacta posible, así su contenido no se extenderá por tu espacio.-

   Mi mente empezó a idear la forma más idónea y creí que la mejor manera  para poderlo destruir era enviarlo hacía el espacio estelar y provocar su consunción…

 Pero la Madre intervino y explicó… -Si tu oscuro hojaldre entra en el espacio, como esta hecho de mil hojas y su relleno no es de sustancia densa…-

 Y sin dejar terminar la frase interrumpí a la Madre para preguntar

 –Madre ¿No son densos los celos?

 Y Ella respondió…

 -Algunos de ellos si, los más vistosos, los que sois capaces de observar porque son evidentes, pero los de esa tarta son aquellos que sois capaces de sublimar y como tales no son densos; adquieren la virtud de la profunda densidad liviana. Y añadió - Y si este tipo de ego lo llevamos al espacio estelar puede darse la situación de que su misma esponjosidad  le mantenga a flote,  que no se destruya e invada lugares virtuosos.-

   Ante esa acaecimiento le pregunté -¡Madre¡ y ¿cómo lo puedo deshacer?

   Y la Diosa contestó… - Lo que destruye a ese pastel es la abstención en ser comido, es decir, si no comes de él, el mismo se autoconsume. Y además trabajaremos su entorno para favorecer a nuestro propósito -

   Fue entonces cuando entre ambas tomamos grandes tiras de papel de aluminio y cubrimos, tanto a lo ancho como a lo largo, la mesa y su contenido. Envuelto la tentación se mantenía al margen de todos y el desliz de confundirnos también.

   Una vez finalizada la tarea la Madre comentó…

22 -Ese pastel a medida de que no vaya siendo consumido; se irá paulatinamente dilapidando  y así mismo desaparecerá… -¡Pero¡-resaltó con énfasis –Tenéis que tener en cuenta algo muy importante, ¡a partir de ahora¡  cuando tengáis la sensación de los celos, no demoréis el aplicarle su nombre correspondiente y acto seguido lo trabajáis para su destrucción, a fin de que las mil capas del pastel no puedan reconvertirse en nuevas masas de hojaldre. Ya no debemos dar de comer ese pastel, porque está enfundado y así debe seguir.-

   Después de una pausa, me quedé mirando fijamente la mesa cubierta de aluminio, ahora la luz se reflejaba en ella; parecía un espejo abombado proyectando luces maravillosas e imágenes deformes… como recordando el contenido de su seno.

     Entonces en ese instante la Madre me preguntó. -¿Deseas en verdad seguir trabajando profundamente en esos celos?  Y  yo mirándole a los ojos le contesté sin dudar- Sí lo deseo.-  

 -Así sea.- Exclamó.

 Y delante de mí se personificó una gigantesca vulva. Una vulva abierta por el orificio donde la mujer da a luz.

 La forma oval era oscura, húmeda como es ese órgano en el físico. Su dimensión era tal que se podía entrar dentro de ella sin curvar la espalda, era una cueva, la caverna del origen.

 Entramos en ella. La oscuridad después de circundar en la luz era más oscura.  La Diosa y yo, estábamos en su interior y a medida que mis ojos se habituaban a ese nuevo estado parecía que podía prever por donde se dirigían mis pasos, pero seguía  sin ver. En toda la estancia se hacía persistente un olor muy característico; olía a relente… y no sabía si eso  en este lugar era  un signo de peligro.

  Mis cavilaciones debieron ser muy ruidosas pues la Madre me empezó a explicar…

 -Los celos son “pensamientos húmedos”. Los celos “secos” no pueden subsistir; necesitan de esa humedad. Se mueven por el mundo de las aguas y  ese es el olor que desprenden, eso es a lo que hueles. No temas.-

   Lentamente nos adentramos por un camino lleno de pequeñas curvas,  cuando la Madre se quedó pensativa y señaló que si mi compañero deseaba también podía hacer el mismo camino que nosotras y así trabajar con sus propios agregados, pues en el mundo al que asistíamos la flor del mal es la misma para todos.

  En esa vía de semblante serpentino estaba sitiada por diversos estacionamientos energéticos, pero simbolizados como “puntos negros”. Y ambos Jesús y yo como un resorte sincrónico intentamos   preguntar a la Diosa Muerte por ellos, pero  Ésta se adelantó y nos dijo…

 -Los puntos negros que observáis tienen que ver con los denominados  anti-chacras, es decir, las fuentes energéticas que existen a partir de Malkut hacía abajo.-

 Ante esa afirmación Jesús cuestionó si existía la posibilidad de poder trabajar el ego desde ese nivel, ya que lo que podíamos encontrar ahí no se relacionaba con los celos mundanos sino que nos introducíamos en el infierno del mismo ego. Y es que nos encontrábamos en el mismísimo averno. A partir de esa concienciación, la negrura era más lúgubre. Allí  no veíamos imágenes. En ese camino angosto tan sólo se oían gritos,  lamentaciones de partes de nuestra personalidad que lleva siglos de existencia atrapada. En esa bóveda se oyen alaridos parecen palabras pidiendo auxilio. El  dolor es palpable; es como la humedad, se siente y su  densidad  se respira.  

   La madre permite que nuestra conciencia observe y sienta sin embargo nos advierte…

 -A partir de ahora andaréis con vuestros propios escudos, yo os esperaré al final de la meta.  ¡No salgáis del camino¡ Os intentarán convencer de que los gemidos son de aquellos que no tomaron las oportunidades ofrecidas. ¡Aunque se os presente imágenes bellas, no salgáis del sendero¡. Recalcó. En ellas veréis que los demás lo poseen todo, que irradian felicidad mundana y  provocarán en vosotros esa misma necesidad. Y añadió…

  -Van a hacer lo posible para que deseéis ostentar lo que veáis, pero en el momento en que queráis poseerlo os engullirá en su negro poder.  Y de suceder eso, vuestra energía permanecerá desasociada de vuestro cuerpo vital durante siglos de personalidad  y eso es sinónimo de sufrimiento.-

   Lo que nos estaba explicando toma la forma de una prueba. Éramos conscientes de que a la voluntad, a la conciencia y a la fe se las estaban poniendo a ensayo.  Tenían que ir forzosamente de la misma mano.

 Y la Diosa siguió explicando…

 -Habrá en otros recodos del sendero que se os tentará con lo que más anheláis… Y recordad que todos aquellos que en ese espacio de tiempo seáis capaces de visualizar  poseerán lo que vosotros no tenéis. Estaréis en el seno materno de los celos. En su forja sacra crea  monstruos-

    Nosotros fuimos subiendo por cada punto energético, pues,  aunque se trataba de ir hacía los sub-chacras o “puntos negros”  para entrar en ellos, siempre debemos subir,  incluso  el infierno posee su altura.

    En esos niveles, la apreciación y la sensación eran distintas. Conseguimos ir al unísono los dos; andábamos con paso firme, rápidos sin recrearnos en las imágenes. Nos mentalizamos con la idea de que todo lo que podíamos llegar a ver era fruto de la vana ilusión, oasis de nieblas que embaucan. Ficción que crea el abismo.

    En la primera parada, se nos manifestaron las riquezas de la materia, innumerables piedras preciosas, oro, diamantes… y con ellas, la posibilidad de eliminar el hambre en el mundo y otras cosas más. Luego, y a medida que íbamos ascendiendo nos mostraban iconografías de gente que estaba reunida hablando en armonía de sus grandes logros y posibilidades espirituales. Intentaban crear en nuestras mentes los celos místicos… Evocaban frases como susurros, que se oían a voces, “si ellos los poseen y vosotros habéis trabajado mucho más, os lo merecéis  en mayor medida que ellos…no se está haciendo justicia, ven y reclámala”. Esas eran sus astutas artimañas,  y sin atender a sus reclamos seguíamos hacía el objetivo propuesto llegar hasta donde la Madre Muerte nos esperaba.

 Pero esas fuerzas cuando comprendían que no llenaban el espacio de nuestra tentación modificaban las representaciones. Y de repente, cuando nos acercamos a  los últimos “puntos negros”, los superiores, aparecieron nuestros Maestros de la Luz, con sus sonrientes caras y sus manos limpias por el amor. Nos obsequiaban con su grata compañía, junto con el ofrecimiento de retomar un nuevo camino, lumínico, amplio y sin obstáculo alguno.

   Nuestro corazón empezó a palpitar de emoción, nos miramos ilusionados a los ojos,  al fin la Luz se manifestaba en ese húmedo antro de engaño.  “¡De engaño¡”… “¿Engaño?”… “¡Engaño¡”…Esa fue la palabra que se repitió en nuestro fuero interno,  como el eco profundo que procesa la boca oculta de la montaña… Recordamos a tiempo lo advertido “¡no salgáis del camino¡”, “¡no os dejéis tentar por lo anhelado¡”. Estábamos en el límite del espacio. Encogidos en nuestra propia indecisión, no atravesamos la barrera, pero no  por el hecho de ser poderosos o sabios,  sino porque en nuestro fuero interno nos guiaba el poder de la Madre, y su potestad nos remitía el recuerdo de los lamentos, los gritos de esas partes  del alma, que en su momento también pensaron que habían hallado la gloria.

 El pensamiento giraba en la mente estudiando todas las posibilidades a fin de encontrar la manera de salir de allí… Intuíamos el grito sordo de la amenaza. La densidad volvió a ser patente, nuestra conciencia  se centró de nuevo en la realidad que circundaba ese espacio. Eso era  lo cierto de ese camino. La matanza de este ego suspicaz implicaba una prueba”.

    Las imágenes se sucedían a  gran velocidad y nuestros ojos eran incapaces de captar todos los acontecimientos que se desvelaban y en esa tronante vorágine ocular perdimos el contacto visual con la Diosa. Fue entonces cuando todo se definió en la captación fija de una sala. Nos hallábamos en un comedor. En esa estancia había innumerables  mesas individuales preparadas para recibir a los clientes. Todas ellas estaban limpias,  pero vacías de contenido  y nosotros sin saber que debíamos hacer nos sentamos separados. No nos hicieron esperar,  al instante se presentó un camarero y nos preguntó que deseábamos tomar. Y en esta ocasión la Madre no nos había dado ningún consejo,  pero decidimos que  si antes habíamos hecho caso omiso de todos los ofrecimientos debíamos seguir con la misma postura.

    La sed parecía incrementarse por momentos, la boca estaba seca y contrastaba con el aumento de la humedad del ambiente. Nuestro cuerpo necesitaba agua urgentemente y la mirada tintineaba tras los vasos repletos de líquido que ahora incoherentemente, la aparecida  multitud de gente bebía. De nuevo recordábamos el contraste entre lo deseado y lo poseído. Nos ofrecieron bebidas de colores vivos, burbujeantes… de tal vistosidad que nuestra garganta parecía percibir su fresco sabor, pero nosotros expresamos a la vez, y en voz alta, que no estamos allí para consumir sus ofrecimientos, sino  porque la Madre Muerte  nos alentó para luchar contra ellos.  

    Acto seguido se creó un gran alboroto, unas voces imperativas nos indicaron que llegado a este extremo era necesario hablar con nosotros y con la ley. Algo se movía en el fondo  del  comedor… Se  aproximaron  dos espectros demacrados; eran dos esqueletos angostos, y muy indignados nos expusieron que ellos eran los que estaban absorbiendo el sufrir de lo que nosotros no poseíamos, que nuestra manera de pensar y actuar rebosaba el egoísmo y que si estamos allí era porque por alguna razón poseíamos alguna una carencia que subsanar. Siguieron exteriorizando conceptos de su  dedicación hacía nosotros  y de que su amor era tan grande que para que no sufriéramos ningún percance se iban a poner en contacto con esa carencia y la iban a absorber para eliminarla después.

    A nosotros no nos parecía una buena perspectiva y menos cuando nos indicaron que para establecer  contacto con esa teórica penuria nuestra,  les teníamos que permitir entrar por nuestro tercer ojo.  

    A veces, cuando se producen situaciones comprometidas aparece  como sacado por un acto de magia el humor, y éste fue quien nos acompañó en esos momentos de tensión, pues Jesús  les expuso, en pocas palabras, que no nos parecía una idea muy óptima “el hecho de que tuviera que venir una calavera a sacarnos el muerto de encima…” La reacción no se hizo de esperar, al oír sus palabras se encolerizaron en gran manera y decidieron llevarnos a juicio por el hecho de no acatar su ley.

    En unos minutos la sala quedó llena, pero no de las teóricas personas que parecían ser,  sino de esqueletos, y entre todos, sin posibilidad de escape, nos llevaron a la sala de su juzgado. Continuábamos sin saber donde se encontraba la Madre… ni cual sería nuestro destino.

   La corte era inmensa, todos los asistentes iban vestidos de blanco inmaculado. Se semejaba a los espacios dominados por la Gran Ley, sin embargo, lo observábamos todo con recelo, pues en nuestras cabezas giraba la idea de no era posible que la Ley pudiera instaurase en ese tipo de vibración. Pero, ¿Qué tipo de ley podía prevalecer en el mundo de los celos…?

    Nos dejaron en el centro del recinto, cuando una voz profunda empezó a hablar. Comprobamos que entre esos seres blancos existían jerarquías y el superior dijo en voz alta,  “¡Silencio¡ Empieza el juicio”. Fue en esos instantes cuando empezamos a pedir Protección Divina a la Luz de nuestra conciencia, y al elevar ese reclamo nuestros ojos atónitos vieron que todos los seres aparentemente inmaculados, que  permanecían a nuestro lado vestidos de blanco habían perdido sus mantos… y tan sólo eran esqueletos.

 Esqueletos que se movían…

Esqueletos que pensaban…

Esqueletos que eran  personas, pero ya no lo eran…

    En un principio, ellos creyeron que nosotros les estábamos viendo con su blancura  y seguían sentenciando con el poder que creían ostentar. El tiempo golpeaba cada segundo en nuestra sien sentenciando el espacio perdido. Debíamos pensar cual era la mejor manera de hacer frente a esa jauría de armazones móviles. En ese intervalo empezamos a alzar unidos nuestras armas, las del amor, y  la Madre Divina apareció de inmediato y generó en si misma una  potente luz,  que difuminada  la envolvió y convertida en una esfera entró por la misma puerta que nosotros pasamos y  nos dijo…

 -Hijos de mi Luz estaba esperando la oportunidad en la que vuestras almas estuvieran dispuestas para la lucha, así como que vuestra mente se uniera a la petición del amor de la Luz del Padre. Hasta ese momento mi presencia no poseía el poder de quebrantar la sólida entrada de esta oscuridad.- 

 Lo que sucedió a continuación fue rápido y contundente, todos los esqueletos quedaron convertidos en cucarachas negras. Miles de insectos  corrían despavoridos huyendo del reflejo Dorado que los delataba. Lo que los esqueletos-cucarachas, no sabían era que la Madre había forjado unos limites, y al huir hacía los terrenos que consideraban seguros estaban precipitándose en el espacio infinito. Y sus cuerpos al contactar con esa poderosa energía colisionaban creando chispas de luz. Y a lo lejos se apreciaba el manto de noche, el de la oscura  estancia de la vulva, y esparcidos en ella  millones de pequeñas chipas precipitándose al vacío arrastrando toda ápice de suciedad.  

   A continuación la Madre nos explicó que con este trabajo en la forja de Vulcano, tan sólo  habíamos eliminado partes concretas de ese ego creado,  que la estructura de los celos aún seguía  manteniendo ciertas valías y que por ello requería un trabajo constante y paulatino.

  El no ruido se instauró en la cueva viendo las últimas luces arrojadas. Y  rompiendo el silencio la Divina nos preguntó si estábamos dispuestos a continuar en la arriesgada lucha, pues teníamos que ser concientes de que todas las batallas ante una manifestación egoica  pueden dar lugar a una represalia más o menos agresiva. Ambos afirmamos convencidos. Esa  gran lucha que nuestro Ser Interior lidera era y es la única que en verdad debería ostentar el concepto  de verdadera.

   Con estas apreciaciones habíamos creído que nuestra actividad en la destrucción del ego por este día se había completado, sin embargo, no fue así… Al subir por el camino que nos llevaba a la salida oímos unos gritos terroríficos. Íbamos ascendiendo y la percepción sutil de ese dolor era cada vez  más sublime. Se presentía su inteligencia retorcida, algo estaba por manifestarse. Decidimos que nuestra obligación moral era llegar hasta el final de esa cuestión. Y sorprendidos nos enfrentamos a nuestro último “punto negro” el no tocado.  Y fue en ese lugar donde nos encontramos con una PARED enorme. Era un muro que poseía la habilidad de moverse y de pensar, pues albergaba, a nuestro entender, una férrea y dura personalidad. Él era el gran límite impuesto por una voluntad dudosa, entre la suya propia y la nuestra, aquella que se perdió en algún otro intento.  No atendía a ningún requerimiento que no fuera el propio, y aunque se mostrara una presencia Divina su actitud era de anarquía total. Ese muro simbolizaba la sin razón de la acción. Pretendía superarse a si mismo y poseía en verdad, una fuerza similar a la del Creador. Y exaltado por el poder de sus funciones se sentía capaz de actuar ciegamente, sin conciencia. Por lo tanto,  estábamos ante una Pared que poseía la fuerza de erigir, pero sin control ni discernimiento.

    En aquel momento la pared se dirigió a nosotros y  nos comunicó  lo siguiente:

 -“Yo como poder magnánimo que soy me estoy esforzando en crear otro mundo nuevo. Recordad seres inferiores, como  vosotros los humanos,  estáis  en el deber de  proporcionarme toda la información que poseéis de la Luz,  a fin de que yo pueda crear un cosmos  con toda la energía posible. Y por supuesto, no toleraré nunca más el agravio al que habéis sometido a mis “ayudantes-esqueletos”. Esos  actos no son permisibles. Como castigo a esa desfachatez debéis  colaborar en la construcción de ese nuevo mundo. Así como, a partir de este momento me necesitaréis para cualquier  cosa que deseéis hacer; pensar; crear; imaginar; para respirar si es previo”. Sus risas estrepitosas resonaban tumultuosas…  Él era el que nos necesitaba para poder crear su enjambre de torturas.

Pórtico de las Clarisas Salamanca.

    Al ver que nuestro espíritu no cedía nos impuso ver unas reproducciones en video de su nueva creación universal. Abrió ciertas pantallas gigantes y proyectó una secuencia de  imágenes.

  En ella aparecían personas que no nos resultaban conocidas  pero si que recordábamos esas escenas  reflejadas,  pues eran vivencias por las cuales nosotros habíamos y hemos pasado a lo largo de nuestras vidas de existencia.

   La trama se basaba en  la lucha interna que producían  los celos y como no, reflejaban su realidad más cruda. Se observaban las circunstancias y el sentir de los celos, cuando no se poseía la materia deseada, los surgidos por no poseer la emoción del amado, por el afecto codiciado del otro, el miedo a perder el poseído,  celos por anhelar un intelecto superior,  por no poseer una mejor  capacidad oratoria, los celos místicos al no ser el más cercano a la verdad y al contacto Supremo, celos profesionales, y  un sinfín de otros más que de nombrarlos el tiempo nos haría olvidar el primero de los anotados.

   Todas esas imágenes proyectadas y repetidas son un nodo de exaltación; es el objetivo a alcanzar; es el vivir en ese ritmo de autodestrucción a favor del ego. Entonces, después de aplausos ensordecedores,  la pared parece abrirse de gozo de la misma manera que aparece una enorme pantalla estelar en la que se proyecta un planeta negro, tan grande como lo puede ser el sol. Y la Madre que hasta entonces había tomado una posición de presente pero oculta nos dice…

  -“Ese es un infierno. Aunque esté en el espacio, y aparentemente esté arriba, en verdad no hemos subido, aún no hemos llegado a él. Es sólo una apreciación óptica de engaño. Vamos a ir a destruir ese planeta, pero antes debéis atravesar ese muro sin otorgar vuestro poder de luz”-

   Casi sin hablar se estableció un diálogo de entendimiento entre nosotros dos y le  dijimos a la pared que íbamos a colaborar a nuestra manera. La mentira en el mundo del amor  es un acto ilícito aunque sea en busca de un bien superior, por ello,  en nuestra estratagema,   lo que no le dijimos  era cual iba a ser el que tipo de colaboración, ni quien era el sol que guiaba nuestros pasos. 

   El  muro aunque ostentaba una inteligencia notable,  se creyó superior por el poderío almacenado en nuestras vidas anteriores. Él era el límite. Nuestro dominio era suyo en su convicción. No pensó ni por un segundo planetario que nosotros no le permitiéramos la entrada y que lucharíamos por el dominio de nuestra Iluminación.

   Fue entonces cuando nos adentramos en ese espacio negro, denso y falto de claridad. Nuestra visión era nula,  por lo que corríamos el riesgo de colisionar contra el planeta. En esa circunstancia concreta, la Madre no nos podía ofrecer su ayuda, así que, sin dilataciones ambos empezamos a solicitar  luz a las Fuerzas Omnipotentes. También expresamos en la plegaria, pues,  la intuición interna guiaba, que no podíamos ser portadores esa fuente de energía, ya que nos hubiéramos convertido en un blanco perfecto, tanto para nuestra destrucción como la del objetivo que nos había llevado allí.

 La demanda estelar fue plasmada tan pronto como las palabras fueron concurridas, y en el espacio que abarcaba, hasta donde nuestros ojos disponían visión, aparecieron millones y  millones de velas de gran altura que  cubrían la oscuridad profunda, pero no alteraba las tinieblas  del planeta.

   Ese astro oscuro era un ser inteligente, pero creía que la penumbra que visualizaba era la energía de nuestros cuerpos al acercarse y no se vio amenazado. El  muro si se percató de su error y las circunstancias de control no le permitió  poner en alerta a los sistemas de defensa. De todos modos, intentó ampararse evocando grandes soplidos de aire caliente y  aunque  las velas no se apagaron si perdieron cera y con ella creó amenazas “os aplastare…”, “os machacare…” “no conseguiréis el propósito…” y continuó maldiciéndonos. Contra esas amenazas nos encontrábamos seguros, ya que, volábamos acompañados por la Madre Muerte escondida entre  nuestros sentimientos íntimos y con su calor las palabras de cera se derretían perdiendo su poder.  Ascendimos y ascendimos  para bajar a las tinieblas.

    Llegamos a la parte superior del planeta, para penetrar en ese infierno debía realizarse de arriba hacía abajo. El astro oscuro carecía de atmósfera pero poseía gas. La compuerta superior se abrió y pudimos comprobar   que dentro de él tan sólo sobrevivía el fuego, pero no el que nace como llama purificadora, no,  allí era un abrasarse en el eterno. Sin embargo, nuestros cuerpos ni tan siquiera lo llegaron a rozar…

    Las Madres Divinas de ambos consideraron que era una buena oportunidad para eliminar el mismo agregado psicológico de forma conjunta y a la vez, así que se invocaron mutuamente con la intención de fusionarse en una. Esta estrategia  en el campo de batalla se debía a la intención de reunir una Potestad Superior, ya que, en esa concentración energética no doblaban su poder, sino que lo multiplicaban al cuadrado.

  El tamaño de la Divina se amplió en todos sus aspectos imaginables y lo único que nos mostraba su dualidad era el doble collar de perlas que pendía de su cuello. Esos collares eran largos, le llegaban algo más arriba de la rodilla y cada perla ovalada similar a la forma de un huevo de avestruz, era  el símbolo de cada una de sus victorias en la eliminación del ego.

  Ninguno de los dos reconocía  a su propia Madre, pues al unirse se convertía en una Madre Superiora,  mezcla de ambos y a la vez un Ente nuevo. La Divina Superiora nos indicó  que nuestras manos debían permanecer asidas entre los tres, y nos hizo formar un triángulo y  explicó…

 -“Vamos a invocar a la Santa Trinidad”- Y en ese mismo instante en que esas palabras fueron pronunciadas por la Divina, se presentaron los Maestros-guías, el Arcángel San Miguel y todas aquellas huestes que por alguna razón estaban vinculadas con nosotros, y además fueron llegando todas aquellas personas con las que trabajamos, pues sus Seres Sublimes sabedores de la magnitud de la batalla,  la facilidad del humano en condicionarse a esas perturbaciones de los celos, y para que  no quedáramos desamparados a los ojos de la Sabiduría decidieron actuar. Y con esta información, la Madre Muerte Superiora nos iba ilustrando a todos para que cada uno de los presentes entendiera cual era su misión en esta contienda. Y expuso…

 -“Los presentes en esta lucha blanca comparten en esta existencia o en las anteriores, la personalidad de los celos. Estos sentimientos destructores de Alma han sido un vínculo que os ha unido en la oscuridad. Es indiferente quien los sintió de quien o si fueron simultáneos, lo que en verdad nos interesa es que esas partes fuliginosas que os relacionaron a todos sean eliminadas en el nombre del Amor. Este es el Gran Motivo que os emplaza en este horror, en este infierno que entre todos habéis construido y no lo podemos erradicar si no estáis todos presentes.-“

    Después de unos segundo que parecieron eternos la madre Muerte inició de nuevo su habla, aunque si en verdad os dijera no empleó palabra alguna. Y su voz se oía diciendo…

 -“¡Mirad bien¡ Esas son vuestras creaciones, y en este averno se reiteran  una y otra vez indefinidamente las mismas imágenes, los mismos sentimientos, el mismo sufrimiento y la misma ausencia de amor. Siglo tras siglo todas y cada una de las veces que habéis actuado con celosía, conscientes o no, habéis  generado una parte de ese fruto y así, en su íntima germinación, la envergadura del planeta llega a poseer tal poder, que su fuerza gravitatoria llega a atraer la fuerza lumínica de vuestro sol”-. 

 

   Los que formábamos ese mundo de resistencia escuchábamos. Éramos consecuentes con lo que nos exponían. No se sentía vergüenza, pavor  o retraimiento, tan sólo se percibía la comprensión, la fe y el valor. Y la Diosa Muerte continúo… 

 -“La dimensión presente del árido astro de  la negrura es equivalente en tamaño a la del Sol.  La antitesis  que contemplamos es poderosa. Como ya os he dicho, las vivencias desesperadas son continuas y en ocasiones el sufrimiento no parece tener fin. De tal forma  que los seres que en él se encuentran llegan a tomar personalidad propia, ajena a la vuestra, a la de sus creadores, que sois vosotros, y es cuando desean poseer autonomía y para poder vivir anhelan morir y  al no poder entregan la parte de Luz que en ellos queda, la que se necesita para llegar al entendimiento y al perdón. Al ofrecerla, se someten al Dios Ego, al Dios de las tinieblas, y allí se convierten en sus servidores, los esqueletos que Jesús y Montse vieron… Esas cucarachas mentales lo infectan todo, y sus huevos de maldad se extienden. Esa energía tan sólo ofrece dolor, angustia, depresión y muchas otras ausencias de Pasión Prócer”-.

   La Madre proporcionaba espacios para la comprensión y prosiguió… 

   -“Entonces esos cadáveres al finalizar su función o cometido en su propio dolor mueren, pero no se liberan, sino que se convierten en el mismo fuego que abrasa, el  mismísimo mal. El mismo mal que ahora nos atenaza…”-.  

   Los conocidos iban surgiendo paulatinamente e  iban rodeándonos. Sus pretextos concentrados asumían una forma celestial, nueva, brillante. La voz explicatoria de la Madre daba Luz, la de la comprensión. Nuestro dominio aumentaba, de tal forma que las luces de las velas ya no eran precisas,  y las antorchas desaparecían paulatinamente; suponemos que enviadas a alumbrar a otras posibles oscuridades de otros mundos. Un planeta de fosforescencia se estaba construyendo. Nosotros estábamos en la base de la esfera, los demás iban uniendo sus manos por escalas y las túnicas largas que todos vestíamos cubrían los pequeños espacios que podían dejar nuestros cuerpos. El mundo-continente era una realidad.

    Entonces todos separaron sus manos menos nosotros tres, la de la Madre y las nuestras. Todos los demás Seres  dejaron espacio engrandeciendo con ese esfuerzo titánico la esfera. La fuerza de los presentes se centró en  San Miguel, que se encontraba en el centro del glóbulo creado.

 La genuina proyección Divina fue dirigida hacía el Arcángel y Éste llegó  a ser tan magnánimo como lo era  la esfera negra. Al estar todo rodeado del intenso reflejo dorado creció el entorno lumínico y se superó  al negro astro.  En ese instante S. Miguel levantó su espada asida con las dos manos  y desde arriba atravesó la esfera negra. Hubo un intervalo de calma latente. La sensación indicaba que la peonza del destino ya estaba echada.

 Cuando la espada se extrajo del interior del planeta oscuro se creó una explosión de tal índole que recordó a las imágenes creadas  por la bomba atómica.  El impacto no afectó a los Seres de Luz, pero la esfera opaca si se deshizo lentamente, corriendo como el polvo… esencia del humo. Cuando todo parece volatizado surge en el centro de su antigua órbita del planeta negro una bola de oro macizo del tamaño de un balón que gira sobre si misma, cuatro bolas de plata cuya dimensión se asemeja al de unas pelotas de tenis que circundan alrededor de la de oro y en cada una de esas esferas argentinas se ceñía una más pequeña de cobre.

   Con esa visión hermosa los Seres Próceres se despiden de la Madre Superiora. Ella, así como nosotros agradecemos la presencia y el trabajo  de los Maestros, y de los demás asistentes. El Arcángel S. Miguel se difumina y de nuevo quedamos los cuatro, pero en sólo tres esencias.

    La Madre Superiora, aun persistía en la doble fusión. Tomó en sus benditas manos el conjunto de bolas, las comprimió; las  concentró sin mezclarlas, las duplicó. Y nos manifestó…

 -“Esta es la conciencia que le proporcionaba el poder. Es la experiencia y la sabiduría que aquel mundo extrajo de vuestros errores, de vuestros celos. Como podéis ver  era sublime y refinada, porque en verdad los celos lo que  intentan es mostraros alguna lección en la que el amor estaba ausente y que debíais aprender para vuestra iniciación.

 El ego celo deseaba antagónicamente alimentar esas bolas, pero como su lógica exigía no lo estaba haciendo por el camino correcto de la conciencia, sino con la estructura empañada de un ego. Estas esferas de aleaciones oro-plata-cobre son el fruto de una virtud”-

 Y con una expresión de eterna bondad nos las implantó en nuestro interior por el entrecejo.

   Las Madres se desunificaron, sus dos majestuosas presencias  volvían a ser como antaño y cada una poseía una perla más. Agradecidos nos despedimos y empezamos a bajar a nuestro mundo físico.  En ese siguiente paso la compañía fue de nuevo guiada por los Maestros-Guías. Bajamos en conjunción por unas escaleras blancas y todo nuestro alrededor era verde. Creímos que se trataba de moqueta o suelo alfombrado, pero de repente vimos que iban despuntando, a gran velocidad, ciertos tallos, de modo que a la mitad del descenso pudimos comprobar que lo que nacían eran  lirios. Nuestro descenso era blanco y amarillo, el verde era cubierto por la flor.

Talla Catedral de León.

    Llegamos al espacio físico de la materia. Justo cuando empezábamos a salir del trabajo en la fragua comprobamos que en nuestras manos, cada cual poseía un hijo, entonces aparecieron de nuevo las imágenes de la Madres y nos explicaron de forma literal que…

-“En estos instantes se están  fusionando  vuestros campos energéticos. Pensad que habéis enriquecido vuestras vibraciones y obtenéis un digno fruto, por ello, es necesario que busquéis un lugar seguro,  a fin de que nosotras podamos purificar el ambiente.”-

    Nos planteamos que lugar sería el más conveniente o adecuado. Teníamos dos niños de cuatro años; necesitábamos un sitio confortable, agua y comida. Consideramos por unanimidad que el armario de la cocina, curiosamente de gran tamaño, nos podía  albergar sin problema. Sin entender muy bien como se arreglaron las dimensiones y porqué escogimos un armario, nos acomodamos dentro de él y esperamos con paciencia que las Madres purificaran el espacio.

    No sabemos cuanto tiempo transcurrió en ese estado, pues en el astral el tiempo es siempre un concepto relativo que no atiende a la lógica mundana. En todo este proceso alimentábamos a los niños, realizábamos meditaciones, dormíamos, pero el alimento se asumía por el organismo en su integridad,  por lo que no era necesario eliminar impurezas.

    Un día sin una explicación previa las puertas blancas del armario de la cocina se abrieron a la par y en ese mismo instante la figura de los niños se desvaneció. No nos produjo desasosiego ni desazón sabíamos que se  habían fundido  en nuestro interior. Era el momento de empezar a realizar nuestra vida normal y salir del trabajo de la unión en el fuego sagrado del amor dual.

Las Madre una vez más se despiden. Iban vestidas de negro y las perlas luminosas resplandecían como astros. Nuestras Diosas eran hindúes, aceitunadas, con ojos de expresión de universo y sus manos pinceladas con los símbolos de los  antiguos portadores parecían guantes. Y con  una estela dibujada en el infinito abrí los ojos.

  Grabacion nº 2235/2236/2237/2238 19/04/2008

 

Esta vivencia  puede ser divulgada por Amor a la Humanidad pero con la condición,  de hacer un uso correcto, y  no sacar beneficio económico  por ello.

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