GNOSIS EXPERIENCIAS

 

 
1 MUERTE DEL EGO DE

 LA  PENA AJENA

 

 
 

2 MUERTE DEL EGO DE 

   FALSO SENTIMIENTO DEL HONOR

 

 
 

3 MUERTE DEL EGO DE

 MIEDO A DAR MALA  IMAGEN

 

 

 

4 MUERTE DEL EGO DE  

  MIEDO A LAS CONSECUENCIAS  

 

 
 

5 MUERTE DEL EGO DE

  MIEDO A LA SOLEDAD

 

 
 

6 MUERTE DEL EGO DE

MIEDO AL MIEDO

 

 
 

7 MUERTE DEL EGO DE

    LOS  C E L O S

 

 
 

8 MUERTE DEL EGO DE

   LA ENVIDIA

 

 
 

9 MUERTE DEL EGO DE

 LA S U M I S I O N

 

 
 

10 MUERTE DEL EGO DE

LA VANIDAD  HERIDA

 

 
 

11 MUERTE DEL EGO DE

 LA CRISIS   EMOCIONAL

 

 
 

12 MUERTE DEL EGO DE

UNA FACETA LUJURIOSA

 

 
 13  MUERTE DEL EGO DE UNA      PRESENCIA  LUJURIOSA  
    

14 MUERTE DEL EGO DE

 AUTOREPROCHE EN EL

 RESENTIMIENTO

 

 
 

15  I N I C I A C I O N E S

  PRIMERA PRUEBA DE       LOS CUATRO ELEMENTOS

 

 
 

16 MUERTE DEL EGO

LA LUJURIA A TRAVÉS DE LA IMAGEN

 

 
 

17 MUERTE DEL  EGO

DEL HALAGO Y LA FALSA MODESTIA

 

 
 

18 MUERTE DEL EGO

MIEDO A QUEDAR EN FEO

 

 
 

19 MUERTE DEL EGO

EN EL RECUERDO DE UNA PENA

 

 
20 MUERTE DEL  EGO  

OTRA FACETA DE CELOS

 
 

      21 MUERTE DEL  EGO

    INGRATITUD AJENA

 

 
    

   22 MUERTE DEL  EGO

  UNA FACETA LASCIVA

 

 
    23 MUERTE DEL  EGO

   SENTIMIENTO DE       

    AUTOLASTIMA

 

 
  24 MUERTE DEL  EGO

   ACTO NUPCIAL DE LA

     COBRA DORADA

CONTINUA..........

  25 MUERTE DEL  EGO

     DE LA LUJURIA

      MORBOSA DE LA

      T R A G E D I A

 

 

 
  

  26 MUERTE DEL  EGO

       LIBERAR A LA     

       VIRGEN NEGRA

 

 
   

  27 MUERTE DEL  EGO

     DEL REGISTRO

    ANCESTRO DE LOS

 ARCHIVOS AKASICOS 

 

 
 

   28 MUERTE DEL  EGO

     DE UNA FACETA

   DE LA ENVIDIA EN LA

        I N F A N C I A

   

 
    29 MUERTE DEL  EGO

   LA MAMA OCA O LA

        MADRE  GANSO

 

 
 

  30 MUERTE DEL  EGO

           MIEDO A MI

           DEBILIDAD

     

 
 

   31 MUERTE DEL  EGO

       LAS DISTINTAS

     CARAS DE LA IRA

 

 
   32 MUERTE DEL  EGO

    FRUSTRACIÓN CON

    LA IRA

 

 
   33 MUERTE DEL  EGO

   LA INCERTIDUMBRE

   Y LA DUDA

 

 
    34 MUERTE DEL  EGO

     PENA A HERIR  LOS

 SENTIMIENTOS AJENOS 

 

 
   35 MUERTE DEL  EGO

         L E V I A T A N

      PRIMERA PARTE

    

 
   36 MUERTE DEL  EGO

    L E V I A T A N

   SEGUNDA PARTE

 

 
  37 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    PRIMERA PARTE

 

  38 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    SEGUNDA PARTE

 

 
  39 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    TERCERA  PARTE

 

 
   VOLVER A LA

   P R I N C I P A L

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                             

                                                            

 

   MUERTE DEL EGO DE LA SUMISIÓN Y COACCIÓN EMOCIONAL

                                              LAS 7 PLAGAS

    

   En esta experiencia también abundan actos sobre los que reflexionar en nuestro vivir diario. Al recordar, la bien conocida verdad, de que todo aquello que nos depara el futuro nace en el día de hoy, nos enlaza con la paciencia que los Maestros nos brindan con hermosas lecciones donde aprender a  perfilar el límite de nuestros actos, tanto  en el exceso como en el defecto, e  instrucciones para no dar un poder omnipresente a las actitudes o situaciones negativas.

   En esta ocasión la experiencia  alquímica nos introdujo en un espacio  incierto, no podía  definir en esos instantes donde me hallaba. Mi cuerpo cansado llevaba en su espalda una cesta de mimbre de gran tamaño. Era consciente de que estaba realizando  trabajos muy duros y que de ellos dependía mi aparente subsistencia.

   Ejercía mi labor bajo un sol que derretía el pensar, el sentir y el obrar… pero era mi tarea y no me quedaba aparentemente otra opción.  Al terminar la jornada, como era de costumbre, iba llamando de casa en casa pidiendo la recompensa, el pago por el trabajo cumplido. Todos me debían de dar un pan redondo.

 Las puertas de las casas se abrían a mi reclamo y  cada morador  me ofrecía lo solicitado, pero en sus ojos se vislumbraba  el desprecio por tener que pagar ese servicio. Era como si tuviera que estar agradecida del favor que se me hacía por dejarme pisar su “ciudad”. Ese  alimento, la hogaza, era la estipulada pero las que me entregaban eran  tan duras como lo era piedra, o como el corazón que no ama.  Cada pan era guardado en la cesta que cargaba a la espalda, y sin protestar aceptaba resignada ese pago, pues en el fondo consideraba que eso era lo que nos merecía.

  

   La cesta a medida que pasaba la jornada era cada vez más pesada. Pensad que el pago exigía el mismo esfuerzo que el trabajo.  Y no sólo eran el cuerpo el  que sentía su carga… también el  alma lloraba por el desespero de la doble causa. Uno por no ser considerada lo suficiente buena como para merecer otra forma de pan, y la otra,  por sentir que debajo de la piel se generaba un resentimiento contra esas mismas gentes que me  daban de comer,  por no valorar el duro y angosto trabajo que procesaba.

   La penuria me  acompañaba allí donde fuera. Arrastraba los pies sobre caminos sin asfalto; me  dirigía a la zona limítrofe de ese lugar, y llegué a la entrada de una población nueva, cuyo  destartalado rotulo anunciaba “BIENVENIDO AL PUEBLO DEL RESENTIMIENTO”.  

   En la entrada de esa otra metrópoli habían construidos unos  orificios similares a los pozos, donde fui echando paulatinamente cada uno de esos panes duros recogidos. Toda esa comida era deglutida y transformada adquiriendo un poder superior. Se convertían en combustible, y se multiplican a si misma; creando una materia que  adquirió tal fuerza que puso en marcha unos resortes que  parecían a los pistones de los motores hidráulicos.

   La combustión que se generó fue impresionante y a través de  unos conductos la energía liberada se conducía a otro departamento denominado  “la venganza”.

   Ese sentimiento obtenía una fuerza descontrolada. Destruía la moral de aquellos a los que les debía el sustento,  así como las cosas armónicas o no que habían construido los demás.

   Los asesores y acompañantes de esa empresa local de combustión llamados “el resentimiento” daban unas  explicaciones lógicas y consecuentes de su actitud, y con sus ideas manipuladoras e intencionadas hacían creer que el proceder de “la empresa” era el correcto,  que la totalidad de la gente tampoco estaba haciendo lo correcto,  y a aquellos que parecían equitativos en su proceder hacían creer que sólo lo hacían para poder aprovecharse más de los servicios.

   La canalización de esas fuerzas continuó creando diferentes departamentos,  pero hasta ese instante me comportaba como mera observadora.

   En ese instante la madre intervino y me dijo…

 “Tenemos que empezar a trabajar y te ofrezco la posibilidad de escoger ese espacio por donde empezar”,

 

  Me puse a deliberar y decidí  que lo mejor era empezar por no aceptar lo que  consideraba que no era justo.

   La madre convencida y me señaló…

 “Es importante abolir ese sentimiento de  injusticia, ya que tenerlo como acompañante no tan sólo te perjudica a ti misma sino que incluso puede llegar a ser destructivo para todos, y forma  parte de la  destrucción del crecimiento espiritual. Si aceptas  un pago indebido estas cometiendo dos delitos:

ü       El primero no saber controlar la materia al haberlo admitido.

ü       Y el otro, al aceptar una injusticia para consigo mismo es extenderla hacía lo que os rodea. Debido a que en el momento en que admites ese desagravio estas en cierto modo eliminando la Luz del Padre que brilla en Mí para ti”.

 

   A partir de ese instante y con la conciencia del acto empecé de nuevo con la misma imagen del principio. Realicé el mismo trabajo pero cuando me entregaron  el pan duro, les dije a cada uno de ellos que era la última vez que aceptaba ese tipo de sustento, que no estaba dispuesta ha aceptarlo por más tiempo, me merecía una hogaza correcta. Y añadí, que de no hacerlo iba a dejar de actuar en esa área. Y hablé sin sentir  nada, sólo estaba segura de lo que mis palabras  decían.

  En ese instante la Madre tomó los panes de mi cesta y los sumergió  en el agua y me dijo…

 

  “Aunque el pan está duro, con el tiempo se reblandece y amoroso es alimento para dar de comer a todos los Seres, así como a las aves y a los peces. El pan,  aunque sea  duro conlleva alimento, lo único que con el trato dado todo se convertía en losa”.

 

    En ese instante  apareció  Jesús en ese plano y me comentó que los panes eran ahora blanditos y buenos. Y que a él le sucede en ocasiones la misma circunstancia que había estado viviendo. Y al evocarlo él empieza ha hacer el mismo procedimiento que yo había realizado.

   Ambos recogimos numerosa cantidad de panes buenos y los vamos colocando ordenadamente en unas estanterías inmensas. Ese alimento divino se guardaba y conservaba en buen estado, ya que todos no podían ser consumidos a la vez, ni todos los panes servían para ser ingeridos en la misma situación. Era  como si cada pan tuviese un momento adecuado o una circunstancia determinada para ser asumido por el organismo. 

   Las estanterías almacén eran tan grandes que la vista no llegaba a verlas terminar, los departamentos era  cuadraditos simétricos. Y la Divina nos indicó…

 “Esos panes están condicionados, jamás se endurecen, y cuando se vayan  a utilizar en vez de agotarse, el pan se multiplicará, porque es un pan bien harinado, con la harina correcta, con la hornada necesaria, y por lo tanto es un generador que sirve en las canalizaciones de las diferentes energías manejadas.

   “¡Entonces hijos…¡ Comprended que el resentimiento está muy molesto con vuestra acción, ahora ya no recibe el pan… Ese pan que le daba la materia para hacer funcionar los resortes destructivos de lo propio y de lo ajeno”.

   El resentimiento y la venganza se enfadaron tanto que se dirigieron a nosotros y nos dijeron…  

 ”No necesitamos más vuestros panes…  Con todo lo que hemos ido recogiendo de todas vuestras  existencias tenemos la suficiente fuerza para seguir utilizando los pistones que actúan como martillos, de todo aquello que se le acerca o de todo aquello que se piensa”. 

   Nos quedamos sorprendidos, pues a nuestra derecha  apareció un gran número de personas, entre ellos amigos de esta existencia,  que miraban absortos como procedíamos a “la riza”. Creímos que esa posibilidad  era adecuada, y pensando en su comodidad les pusimos al alcance unas sillas de madera plegables. Todos ellos deseaban aprender este proceder para poderlo aplicar en su vida.

    Nosotros continuamos el trabajo cuando el resentimiento nos aportó muchas imágenes en segundos. Imágenes dolorosas,  imágenes en las que habíamos actuado mal sin ser honestos, por el puro y duro resentimiento, por no haber defendido nuestros derechos.

    Le pregunté a la Divina Madre si ese resentimiento poseía un ente que lo estructuraba y Ella me contestó que sí y que debíamos ir en su búsqueda.

    Decidimos entrar en compañía de la Diosa Muerte por el mismo pozo por donde entraban los panes y los dos nos enfrentamos a un cruel capataz. Era él quien mandaba en ese dependencia y todo lo que se ve en ese lugar era de color granate.

   Al observarlo con detenimiento vemos que en verdad por sus vestiduras y trono se trata de un rey y como peculiaridad posee  tres cabezas, por lo que, a su atención no se le escapa absolutamente nada.

   La Madre se muestra delante de él y sin mediar palabra ni gesto alguno,  le asesto tres veces seguidas la espada en el corazón. Encajar esa triada  fue necesario, pues aunque sólo era  un cuerpo, tres eran los corazones que latían… Y la Madre expuso…

     “Tres corazones son el del vil sentir…

 

     ·        El orgullo, que cuando  se le  hiere provoca  resentimiento.

·        A la vanidad, que herida gesta  resentimiento

·        Y a la ira, que cuando no puede defenderse o no sabe… provoca el resentir.

  Esos tres pecados son eliminados por la Madre Muerte, la muerte de rey crea una nueva simiente de libertad, y todo aquello que poseía ese tono de color granate desaparece.

Nuestra refriega parecía tener fin, sin embargo, nuevos ataques sobrevinieron. En esas profundidades todos los procesos de principio y fin eran aleatorios. A lo lejos vimos venir lo que parecía una gran  nube negra, pero el sonido ensordecedor nos dio la información de que lo que se estaba aproximando eran miles de millones de moscardones. Su misión era quebrantar la serenidad de nuestras propias creaciones. Con ese mareo existencial, ellos podían volver a generar esos sentimientos, los que la Madre había conseguido eliminar, pues muchos de los razonamientos mentales que los abonaban se mantenían impresos en el recuerdo y su resurgimiento permitía de nuevo al rey destronado volver a gobernar.

   La Divina adiestrada en la búsqueda del antídoto astral creó una capa en forma de red de entretejido estrecho y adherente. La levantó con destreza y la hizo girar a nuestro alrededor,  y toda aquel moscardón que en ella se posó quedó convertido en mariposas blancas.

   Acto seguido, se volvió a ver otra nube de ranas y su  propósito era muy similar, con su croar hacer perder nuestra fuerza para otorgársela a quien la había perdido.  La Divina ante esta nueva agresión  repitió la misma estratagema y todo ese retumbo “ranal” se convirtió en sonido divino.

   Bien es sabido que cuando en el eterno se producen dos situaciones similares, el destino te advierte que estés preparado porque lo más probable es que se repita una tercera, y así sucedió…

   Se nos acercó una gran nube que despedía rayos maléficos de luz de fuego. La capa,  en esta ocasión no nos sirvió debido a su estructura agujereada,  y a la potencia abrasadora de esas fulminaciones cósmicas. Kali asumió la responsabilidad de la defensa, los contuvo  con las manos. Paró un total  de 7 rayos mortíferos, y con su mano derecha los fue uniendo uno a uno y una vez fusionados creó una carga energética de grandes dimensiones y expandió su luz.

 Finalizada la tormenta de rayos sobrevino la lluvia, gran cantidad de agua caía de todas partes, y a lo lejos la sombra de una ola amenazaba de nuevo nuestra integridad. La Madre iluminada como la estrella de la mañana asió de nuevo la capa y lidió contra ese elemento y la fiereza de esa cresta aguada quedó convertida en rocío para todo el mundo.

   Y así consecutivamente luchó  contra las siete grandes pruebas, o como Ella eligió definir las siete plagas. En todas ellas mostró su valor y su perspicacia guerrera. Las batallas habían llegado a su fin y todo el espacio donde nos encontrábamos empezaba a cubrirse de verde, nacía el césped y con el todo proceso de vida, era como si todo volviera al estado natural.

    Los tres decidimos dirigirnos hacia los resortes que permitían la materialización  del resentimiento, pues como bien nos dijo esa entidad en su momento, aunque no se les diera energía, ellos habían almacenado la suficiente fuerza como para seguir con su función destructora, el efecto dinamo estaba activado.

   Encontramos después de buscar con énfasis  el mecanismo de esos resortes, y allí encontramos a cientos de miles de partes nuestras reconocidas o no y curiosamente, también se encontraban elementales de las plantas y de los minerales, así como duendes, gnomos, seres no deformes pero con formas muy curiosas. No sabíamos de donde habían salido todas esas manifestaciones humanizadas, pero en todas nos reconocíamos a nosotros mismos.

   Ellos abrieron sus ojos a la par, dichos seres se sorprendieron tanto como nosotros.  Al mirarnos a los ojos parecían querer ofrecernos su mensaje y a continuación miraron sus cadenas. Y la madre ante nuestro desconcierto nos explicó…

 “Hijos este tipo de situaciones son comunes  a todos los humanos de la tierra, y ahora con mucho amor vamos a ir liberando uno por uno, mostrándoles el camino correcto para su evolución”.

Relieve S. Esteban Salamanca.

   El proceso de liberación fue largo y costoso, tanto por el número como por la dificultad de sus atados. Fue un proceso hermoso de liberación. Y la Madre Muerte nos explicó que…

 “Debéis de reestructurar todo el daño que se ha hecho y entre todos los asistentes y existentes comenzaréis  a crear una pared,  pero  será una pared tan fina, que su grosor y textura se igualará a la ropa del lino blanco más puro. Con ella cubriremos  todas aquellas zonas de esta o cualquier  existencia que todos vosotros habéis podido vivir con respecto a los actos  que se hayan realizado malamente a partir del sentimiento resentido.

Primero empezaremos por pulir las acciones y después los pensamientos, pues éste último aunque no haya sido llevado al terreno de la venganza, puede haber tomado poder y haber robado parte del alimento gestado”.

   El manto blanco que se llegó a hacer entre todos los presentes era tan amplio que con él se hubiera podido cubrir la tierra al menos siete veces. El mismo momento en que la pared-ropa  quedó instaurada todos los seres regresaron a su espacio, así como los amigos que gracias a su energía llegamos más lejos.

   La Madre interrumpió  la despedida y nos apremió para acudir a una nueva fase de eliminación de este ego tan elaborado como es el de la sumisión. Y nos dice y pregunta… 

 Dante con su Maestro.

“Para poder asistir a la verdadera génesis de este agregado psicológico debéis asistir a la lucha en los avernos. ¿Estáis  dispuestos a bajar de nuevo al infierno?

   La respuesta fue afirmativa, así que la seguimos y entrando en un tubo de color cobre descendimos a gran velocidad, hasta que llegado un momento en que la caída se freno y empezamos a subir. Allí nos llamó la  atención este  hecho y le cuestionamos a la Madre…

¿Para bajar  a los infiernos es previo también tener que ascender?

 Dante con su Maestro.      Y la Divina nos contestó.

“Así es amados míos, en la parte más culmine del declive está la parte más alta que ostenta la estirpe del mal”   

  Proseguimos subiendo en silencio y llegamos a un planeta cuya estructura vital era muy densa, de tal forma, que para mover un sólo dedo de la mano se tardaba años de lo que en nuestra existencia supone.

  El lugar era burdo, oscuro y lóbrego. Jesús bien asido en el cuerpo había traído la tela blanca que conjuntamente habíamos confeccionado; y los dos nos colocamos en puntos estratégicos formando un triángulo, según las instrucciones de la Madre Muerte. Su táctica era envolver a esa creación planetaria con ella…  A los pocos segundos la gran bola  quedó oculta.

   Seguidamente se hizo un silencio sordo y un ligero silbido avisaba de la explosión que iba a ocurrir. El estruendo fue de tal calibre que por unos instantes el espacio quedó en su totalidad iluminado y esa misma claridad produjo que el planeta negro se desintegrara. El polvo quedaba inerte en el espacio, sólo las partículas muertas se movían sin control… La Luz a gran velocidad fue corriendo, como ondas circulares, y eso nos permitió ver el resto de mundos tenebrosos que existían…Aquello era un infierno.

   Pudimos comparar las magnitudes de esos astros, y llegamos a la conclusión que todo el trabajo que se había realizado era como eliminar un átomo en comparación con el sol…Un insignificante espacio. Una  intrascendente partícula del mal. Una inmensidad a nuestros ojos… un grano de arena en verdad.  

La eliminación de ese espacio negativo dio lugar, en esbozos de tiempo mundano, a una creación cromática. Ráfagas de Luz en la oscuridad… Y al contemplarlas la Diosa Kali señaló…

 “Las manifestaciones Luminosas deben ser siempre tenidas en cuenta, pues suele ser la forma en la que el cielo envía sus  señales. A menudo Ellos, los Maestros os indican el camino a tomar y todo lo que a vuestro alrededor sucede aunque sea el caos el que impere… es correcto a los ojos superiores.

  Y al contemplar la magnitud del sufrimiento que nos queda por abandonar es benéfica, ya que, de otro modo, sin saberlo no lo podríais  modificar”.

   Mis ojos no asimilaban con facilidad lo que observaban  y  con una voz fina,  estrangulada por la impresión pregunté a la Madre Muerte…

 Talla Catedral de Burgos.                           “Madre. Estamos en un inframundo en el que abunda la necesidad de barrer las circunstancias con rapidez… ¿Y si seguimos en la lucha y destruimos otro planeta oscuro?”

 Y la Diosa contestó…

 “No, eso ahora no es viable. Podríais sentir de tal manera el vacío,  que la realidad os sería insoportable, ya que la conciencia no podría asumir tanto mal.

 “Todo movimiento en esta fase de la eliminación egoica supone una liberación y un aprendizaje que se debe integrar en el mundo físico. Es muy probable que allí sintáis lo que modernamente se dice efectos colaterales…

Eliminar enseñanzas sin comprensión es recoger conflicto de crisis superiores. A veces es tan difícil sentir respeto…”.

   Salimos de allí con tanta sutileza, que en un pestañear el ambiente era otro; no habían astros oscuros y el sol nos cobijaba entre  sus rayos.

En esta ocasión nos esperaba una sorpresa más. La Madre había cocinado para nosotros. Las lentejas hervían en su puchero adornadas con verduras de colores divinos. Y al mirar alrededor vemos que no estábamos solos. Eran cientos lo invitados y cada uno de ellos estaba sentado esperando su ración.

Jesús fue hacía la estantería donde se guardaban los panes y sirvió media hogaza de pan para cada uno, mientras, la Madre con toda su grandeza y majestuosidad empezó a servir de su olla las semillas cocinadas. Y los invitados, todos nosotros en verdad, pudimos comer todo aquello que necesitábamos para saciar el apetito, pues ese alimento aumentaba cada vez que se servía. Y la Madre dijo…

 “Ya nadie conocerá el hambre,  pues con esta sencilla comida queda unida las lentejas y el trigo”.

   Cada uno con su plato  y cuchara comía sin hablar. Era un silencio lleno de palabras. Era saciar el apetito con el conocimiento.

Nos hallábamos ante una manera nueva de conciencia y el entendimiento, nos otorgaba la posibilidad de ver con un compromiso de amor a quien nos rodeaba. Muchos eran gente conocida, amigos y familiares, otros sencillamente no tenían un nombre determinado… Era hermoso, fraternal. Era una manera poderosa de vivir la vida.

 

 Y por último, cuando los comensales se retiraban uno a uno de la mesa la Divina habló…

 “Esta es la manera de ofrecer el conocimiento y el amor abandonando el servilismo. Servir si, pero con la conciencia limpia de entregarse a Él y a sus designios. Servir con el amor de la entrega, y no por el miedo a perder, a la soledad, al desafecto  o al destierro… Y si lo hacemos dentro del verdadero camino damos de comer, lo que hemos sabido cocinar, lo mejor de  la experiencia de amar de cada cual”.

    Ese mismo día, ya en el mundo físico, unas amigas nos invitaron a un pueblecito precioso de Asturias llamado Panes. Y allí, sin contar el contenido de este trabajo en Vulcano, una de las asistentes compró la misma hogaza redonda de pan que nosotros repartíamos y es que… todo aquello que al viento lanzas, sea cual fuere del lugar que sea,  el eterno te lo devuelve. Y sobre las lentejas… esa, esa ya es otra vivencia…

 Nº Grabación 2260

 

Esta vivencia  puede ser divulgada por Amor a la Humanidad pero con la condición,  de hacer un uso correcto, y de no sacar beneficio económico  por ello.

 

Correo Electrónico de Jesús y Montse yeshua9999@yahoo.es   

 

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                Sócrates

          

El Hombre más noble es digno, pero no       orgulloso,   el inferior es orgulloso,   pero no digno,                                                  Confucio

 

 

                 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

        El optimista tiene Siempre  un proyecto; el pesimista, una excusa.  Anónimo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buena cosa es tener amigos, pero mala el tener necesidad de ellos.  Anónimo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad. Anónimo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

       

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los amigos ciertos son los probados en hechos. Anónimo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El que es capaz de dominarse hasta sonreír en la mayor de sus dificultades, es el que ha llegado a poseer la sabiduría de la vida. Anónimo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Somos lo que hacemos, no lo que pensamos ni lo que sentimos. Anónimo