GNOSIS EXPERIENCIAS

   Uno y común es el mundo para los despiertos mientras que, los durmientes se vuelven  hacia su propio mundo.  Heráclitos fragmento XX.

 
1 MUERTE DEL EGO DE

 LA  PENA AJENA

 

 
 

2 MUERTE DEL EGO DE 

   FALSO SENTIMIENTO DEL HONOR

 

 
 

3 MUERTE DEL EGO DE

 MIEDO A DAR MALA  IMAGEN

 

 

 

4 MUERTE DEL EGO DE  

  MIEDO A LAS CONSECUENCIAS  

 

 
 

5 MUERTE DEL EGO DE

  MIEDO A LA SOLEDAD

 

 
 

6 MUERTE DEL EGO DE

MIEDO AL MIEDO

 

 
 

7 MUERTE DEL EGO DE

    LOS  C E L O S

 

 
 

8 MUERTE DEL EGO DE

   LA ENVIDIA

 

 
 

9 MUERTE DEL EGO DE

 LA S U M I S I O N

 

 
 

10 MUERTE DEL EGO DE

LA VANIDAD  HERIDA

 

 
 

11 MUERTE DEL EGO DE

 LA CRISIS   EMOCIONAL

 

 
 

12 MUERTE DEL EGO DE

UNA FACETA LUJURIOSA

 

 
 13  MUERTE DEL EGO DE UNA      PRESENCIA  LUJURIOSA  
    

14 MUERTE DEL EGO DE

 AUTOREPROCHE EN EL

 RESENTIMIENTO

 

 
 

15  I N I C I A C I O N E S

  PRIMERA PRUEBA DE       LOS CUATRO ELEMENTOS

 

 
 

16 MUERTE DEL EGO

LA LUJURIA A TRAVÉS DE LA IMAGEN

 

 
 

17 MUERTE DEL  EGO

DEL HALAGO Y LA FALSA MODESTIA

 

 
 

18 MUERTE DEL EGO

MIEDO A QUEDAR EN FEO

 

 
 

19 MUERTE DEL EGO

EN EL RECUERDO DE UNA PENA

 

 
20 MUERTE DEL  EGO  

OTRA FACETA DE CELOS

 
 

      21 MUERTE DEL  EGO

    INGRATITUD AJENA

 

 
    

   22 MUERTE DEL  EGO

  UNA FACETA LASCIVA

 

 
    23 MUERTE DEL  EGO

   SENTIMIENTO DE       

    AUTOLASTIMA

 

 
  24 MUERTE DEL  EGO

   ACTO NUPCIAL DE LA

     COBRA DORADA

CONTINUA..........

  25 MUERTE DEL  EGO

     DE LA LUJURIA

      MORBOSA DE LA

      T R A G E D I A

 

 

 
  

  26 MUERTE DEL  EGO

       LIBERAR A LA     

       VIRGEN NEGRA

 

 
   

  27 MUERTE DEL  EGO

     DEL REGISTRO

    ANCESTRO DE LOS

 ARCHIVOS AKASICOS 

 

 
 

   28 MUERTE DEL  EGO

     DE UNA FACETA

   DE LA ENVIDIA EN LA

        I N F A N C I A

   

 
    29 MUERTE DEL  EGO

   LA MAMA OCA O LA

        MADRE  GANSO

 

 
 

  30 MUERTE DEL  EGO

           MIEDO A MI

           DEBILIDAD

     

 
 

   31 MUERTE DEL  EGO

       LAS DISTINTAS

     CARAS DE LA IRA

 

 
   32 MUERTE DEL  EGO

    FRUSTRACIÓN CON

    LA IRA

 

 
   33 MUERTE DEL  EGO

   LA INCERTIDUMBRE

   Y LA DUDA

 

 
    34 MUERTE DEL  EGO

     PENA A HERIR  LOS

 SENTIMIENTOS AJENOS 

 

 
   35 MUERTE DEL  EGO

         L E V I A T A N

      PRIMERA PARTE

    

 
   36 MUERTE DEL  EGO

    L E V I A T A N

   SEGUNDA PARTE

 

 
  37 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    PRIMERA PARTE

 

 
  38 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    SEGUNDA PARTE

 

 
  39 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    TERCERA  PARTE

 

   VOLVER A LA

   P R I N C I P A L

 

 
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                        

EL ACTO NUPCIAL  DE LA COBRA DORADA
    

  

   Trabajar en el laberinto, sea cual fuere su naturaleza, implica vocación espiritual,  y como no, se ha de disponer de un estado anímico en el que se ame a las verdades ocultas.

   Cuando se elabora este tipo de rituales se debe recordar que detrás de cada estado sin armonía aparece una forma concreta del miedo. Y no es ajeno a la razón encontrar algunas de dichas perturbaciones emocionales envueltas con el aparente revestimiento del amor; cuando sabemos que ese punto amargo de su contenido implica la ausencia de lo que figura  estar envuelto.

    La falta de amor es una de nuestras peores jaulas. Da igual que estemos rodeados de oro y que nos ofrezcan los manjares más exquisitos, pues ese miedo  crea un vacío existencial tan profundo,  que el mismo pánico nos invita a buscar disfraces con los que cubrir esa cara de la verdad. Esas creaciones se reproducen como realidades egoicas, para poder olvidar que en las cuestiones del amor no existe sustituto alguno que no sea  un amor mayor.

   Pero quien desee enfrentarse a él, a ese miedo que corroe, decirle que es preciso modificar la actitud mental íntima que lo creó, pues ella pretende bajo la apariencia de un intento de protección, erigir una versión nueva de sometimiento, y su presencia crea un rosario de sentimientos;  huellas que todos de alguna manera  conocemos como son la angustia, la ansiedad, la depresión, el desconsuelo… Y a todas esas formas de sufrimiento, a menudo, el intelecto,  despojado de la conciencia que alberga la emoción, las encubre  con frases bonitas de autoconsuelo;  y escondido el padecer sigue coleteando vivo, ajeno a nuestras lágrimas, a nuestro no entender pues esa es la fuente de su alimento.

   Por ello, es preciso deducir que las situaciones que nos han provocado una alteración importante en nuestra vida han sido creadas por una energía-actitud determinada, y que cuando pretendemos resolverlas, no podemos emplear el mismo nivel de pensamiento-acción con el que fueron constituidas. Es preciso albergar una actitud de cambio, de lo contrario crearemos un proceso mayor de la misma imagen y semejanza.

   Esto que estamos exponiendo no es un conocimiento de la nueva era espiritual, tampoco es una  connotación de la psicología moderna, tan sólo es una replica de un conocimiento que generación tras generación se nos están repitiendo esperando que nuestra conciencia entienda, tanto es así que transcribimos las palabra que Moisés dijo a los Hebreos en el siglo 1240 antes de Cristo…

Ocúpate lo más que puedas en el estudio de las cosas divinas, no para conocerlas simplemente, sino para hacerlas; y cuando cierres el libro, mira a tu alrededor, mira dentro de ti, para ver si tu mano puede hacer algo de lo que has aprendido.

   Ahora  vais  a entrar en una parte de nuestro laberinto…    Nosotros llegamos a tomar nuestro aprendizaje, como el niño, que aprende con el  juego. Os persuadimos  a que seáis como ellos, ya que el asombro le hace vivir el día a día como una gran aventura. Y la nuestra, como traviesos infantes que somos,  en ese mundo fue esta…

 

   Después de realizar el trabajo en la magia de Vulcano  comenzamos a evocar el mantra  “I A O”. La visualización se materializó casi en el mismo instante,  y ante nosotros comenzó a sentirse una vibración constante, circular y radial que nos envolvía con sus formas. La sensación embriagaba una serie de sentimientos difíciles de exteriorizar. Permanecimos quietos. Abrumados ante las diferentes ondas que se trasladaban en multitud de frecuencias,  y cada una poseía  una revolución de sentir distinta. ¿Cómo se puede concebir todo a la vez? ¿Era eso el caos creador?...

   La primera surgió con la tonalidad “I” Era la más concéntrica, la más cercana al epicentro del inicio. Su capacidad de transmisión se iba ampliando paulatinamente hasta la llegaba de la fuerza vocal “A”, y a partir de ella se multiplicaron por doquier esas caprichosas formas energéticas. Con la “O” todo el conjunto  volvía a unirse en el mismo seno, contrayéndose  para crear de nuevo con la  “I” un eclipse de más tamaño y profundidad.

    Nuestra perspectiva de visón se dibujaba distinta a medida que la estrofa entraba  en una octava superior,  y se nos permitió ver que el conjunto ondular era una corona,  similar a la que crea una gota de agua,  al chocar contra una superficie que la para. Nuestra visión macrocósmica nos endulzaba el espíritu en cada entonación. Multitud de aureolas de sonido-luz pendían en el vacío, y su fusión circunspecta  creó torreones de insistencias espirituales.  Así se fueron construyendo hasta que se culminó la obra con el número siete, y con los siete  torreones el “I A O” seguía sonando con la Gran Potencia  que genera el verbo.

   Esos baluartes ondulares  correspondían a cada uno de nuestros siete chacras.  Y su cometido era que esa séptima suprema o chacras “físicos” palpitasen a la vez con el mismo carisma y matiz sensorial. Ninguno debía ser superior al otro.  La armonía que la creación eleva exigía en nosotros la misma ecuanimidad global. Y cuando nuestros puntos energéticos se alinearon, las torres giraron sobre sí mismas. Su velocidad los acunaba esparciendo en Ellos un enfoque de una nueva dimensión, el cono. Todos ellos fundidos dieron lugar a dos fuentes coniformes, la masculina y la femenina.

   Su punto culmine emitía un rayo creador y su estructura se dobló. La materia y la antimateria gestaban formas dobles. La corriente generada por ese movimiento entraba directamente por nuestro organismo desde el chacra primero, e iban subiendo como torbellinos a una gran velocidad. Y en el momento que ese impetuoso movimiento encontró la salida por el chacra de la corona nos hallamos en el templo de la Cobra.

   Prudentes iniciamos el paso hacía la entrada, nuestro cuerpo parecía haber sido removido y nuestros órganos-planeta buscaban su entorno sanador.                         Desconocíamos en que sintonía se vibraba. La puerta inmensa del santuario de la Cobra se abrió y pudimos ver que su ámbito era circular, parco en el que un solo había un indicio de su ritualismo, el altar y en él, allí posada una inmensa Cobra lo presidía.

    Era una Cobra-Esfinge dorada,  y a la vez sentíamos su vida, su siseo al hablar, su fuerza, el poder de su centro. 

 Y nos dijo...

-“Vais a evocar  un  baile nupcial. Será por vosotros denominado el “Baile de la Cobra Sagrada”.

 En ese festejo podréis ser acompañados por todo aquel que vuestro corazón dicte, para ello abrid las puertas del Alma”-.

   Del templo se abrieron las cuatro puertas que lo rodeaban y mucha gente conocida  entró con su corazón abierto a ese cambio de dimensión y realidad. Y la Cobra Madre siguió hablando esta vez a todo aquel que asistía…

 - “Como veis y así como se os señaló volvemos a trabajar conjuntamente con almas conocidas”-.

  Todo asistente deseaba fervientemente participar en ese rito. En la capilla se iba a enaltecer la danza nupcial con la dualidad del alma. La solemnidad de los gemelos espirituales.

   Al mirar observé que la gran mayoría de invitados eran mujeres, y le cuestioné a Jesús…

-“¿Como podemos  hacer un baile nupcial si la mayoría de integrantes es de energía femenina?”-

   Pero la Madre tenía prevista esta circunstancia y en el instante que mi voz terminó de preguntar,  en la sala de la capilla  empezaron a entrar hombres de todas clases y edades. Había llamado a seres, que se hallaban comprometidos con la Santa Unión y al respeto que dicha Alianza supone. Las partes yang cerraron sus ojos en la elección y era su conciencia cósmica la que decidía. Se repartieron entre ellos y todas las mujeres presentes,  aunque en la vida física no tuvieran una pareja regente, el Eterno les buscó en su Arca Celeste su Alma Gemela para que todos pudieran crear la magia del cortejo. Algunas de las almas femeninas señalaron que estaban casadas, pero que sus maridos no eran creyentes en estas causas. Entonces la Cobra pactó con la Presencia Divina de aquellos que hicieran acto de presencia. Así lo descubrieron y ante Ella se postraron. Les dio a escoger como la Gran Libertad del Creador concede. Y para aquellas mujeres cuyos esposos se negaron,  la Cobra Sagrada  solicitó al Eterno que les concediese un alma preparada para recibir el nivel de vibración de la que iban a ser partícipes.

   La Cobra siseaba un sonido profundo y suave. Sus contorsiones onduladas hipnotizaban  a nuestros ojos. La mirábamos a ella  y dejamos de verla. Éramos una sola materia, una sola vasija y nuestro circulo amoroso una sola disposición. Nuestro cuerpo poseía dimensión, sin embargo ningún movimiento era impedido. La danza flameada  por el Agni sensual era de perpetuo respeto. El sexo no era tal. El culminar Sacro era la curva de la sensualidad celestial.

   Y la Serpiente Ascendida nos iniciaba en su baile, en su sabiduría y en el entendimiento del mismo culto los siguientes contenidos…

  -“Todos vosotros almas que habéis  asistido a la  solemnidad  del cimbrado serpentino habéis venido porque deseabais  liberaros de diversas cargas”-.

   La Madre Cobra nos hacia bailar con el  vientre,  y nuestro abdomen marcaba un ritmo ondulante paralelo al de la  música, en el que la percusión hacía que el físico adquiriese una vibración  desde la base. A medida que nos íbamos moviendo era como si partes de nuestro cuerpo intentasen dividirse. Toda la consonancia cadenciosa se modificó ante un repique doble de los  timbales. El baile se hizo  mas rápido, casi frenético, como las contracciones del nacimiento, pero sin el pacto de dolor que suponen,  y sin previo aviso aparentemente pararon,  y del organismo físico de todos los presentes algo ajeno, pesado y sobrante para el crecimiento íntimo se preparaba para ser eliminado.     

   Las parejas poco a poco dejaron de bailar y entre todos formamos la geometría del templo, y en una  mitad se instituyeron los hombres y en la otra media luna las mujeres. 

       

  En el mismo momento en que la parábola ying yang estuvo constituida  el resonar de tambores irrumpió con un gran estallido creando un Ouroborus acústico. De repente algo pareció desprenderse de cada uno. Era  naturaleza lóbrega, una materia desordenada como la granulación negativa que surge en el humano cuando éste  ha perdido la antigua estirpe divina.

    La Madre Cobra recogió todos esas cargas oscuras y las introdujo en una fosa común,  y reapareció sin haber desaparecido con otra canción totalmente distinta, pero siempre con un paso lento y bajo de la Soberana percusión. El latido del Corazón-Espíritu no cesaba en su arte de latir intentando vencer al  fondo anímico que insiste en su cese.

   De la misma manera que existía en esos instantes una energía ying y una energía yang entre los invitados, de la unidad de la Diosa Serpiente (ying) surgió la dualidad (yang) de su propio centro y un nuevo rito de alianza daba su inicio. Dos legítimas Cobras Doradas danzaban ahora para nosotros. El  macho cortejaba a la hembra mostrando en ello toda su belleza emocional, y la  Diva serpentina sinuosa en su sensualidad erótica reveló su esencia divina.   

Nos conectamos a esa alta oscilación y bailamos  como serpientes sinuosas, como el aire, entre vibraciones rítmicas, magnéticas y soberanas. La individualidad-dual sagrada era legítima y ante nosotros se mostraba la representación del Ser Íntimo. La melodía circunda a los presentes. Se sentía el  sonido onomatopéyico de la hembra respondiendo con su entrega sensual,  y ambos, todos, silbamos en una octava superior siete veces.

   Siete veces la Madre  recogió lo que de cada cual se desasía.  Y antes,  de que esos elementos fueran enterrados Kali nos mostró la naturaleza de su contenido… recuerdos, diarios, poemas, fotografías,  resto de flores, lagrimas, penas, si,  todas las perlas de dolor desprendidas por nuestro ojo-corazón debido a la impotencia, al miedo, al rencor… En fin creaciones que sin saber les dimos un valor que ya no poseen. Centros que nos amarran a un pasado que no se desprende y nos mancilla el presente.  Meros objetos caducos, muertos en la energía del alma y vivos en nuestro apego.

   La génesis de esos errores era negra, pesada e inoportuna. La mayoría de esos fantasmas de la mente y del alma eran desconocidos por los danzantes. Asombrados sus caras no podían entender  que de sus tres primeros chacras hubieran podido apartar esa materia. Y la Madre Cobra explicó…

   “Lo que presenciáis en esa oscura masa son emociones perdidas en la memoria de vuestro cerebro apasionado. Son traumas y frustraciones que provienen de vuestra vida presente. Citas y verdades que en la niñez más lejana sufristeis y que luego,  en la existencia de adulto repetisteis con vuestras parejas de antaño”.

   Dejó de hablar por unos segundos pero su baile continuó lento, hipnótico, abrasador. Y su voz tronó en forma de susurro haciendo temblar nuestros cuerpos desde dentro…

 

“Sabed que en edad temprana el fuego recuerda su fuerza, y la sexualidad despierta para fructificar como fruto sacro en la edad madura. Eran momentos de descubrimiento. Eran bailes eróticos del recuerdo en función del despertar, pero allí la delectación de ese sentimiento era sensualidad no lujuria”.

                                                                                                                                                           (Motivo erótico Ermita Abrisketa, Arrigorriaga)                

     Los participantes guiados por las inteligencias del fuego, llevaban paulatinamente a los elementos masculinos y los femeninos a entregarse en la voluptuosa unión.

   La Cobra Dorada, cesó en su música y las parejas se separaron. Miraban absortas,  la Serpiente Sagrada bailaba sola y de nuevo apareció su mismo nivel energético Yang. Ambas  eran de la misma tersura etérea. El rito de la copulación era impoluto. Y las divinidades retozaron con sus formas para que el fuego kundalinador creara la Llama Suprema.

   La Madre Cobra finalizó el acto de la alianza. Y el fruto de su unión fue la creación de dos huevos fecundados de gran tamaño. Las cien almas que permanecían en esa sala nupcial se mantenían en un silencio abrumador, absortas en el vacío del Artista.

   Los huevos de la Madre  quedaron colocados  a los lados del altar, y el macho serpiente se fusionó con Ella entrando en su Ser. Ambas volvieron a ser Una. La Esfinge Dorada, nos proporcionó lo que más amaba,  el fruto de su vientre.

   El baile  inició el recto conocimiento de la iluminación, pero la melodía era interna. No existía norma que marcara el paso, todo desprendía armonía y perfección, incluso los cuerpos no necesitan de sus humanos ropajes. La creación y el pensamiento eran producto del cosmos.

    Todos éramos seres asexuados y nuestras  cabezas giraban en función de esa gentileza amorosa,  y al girar se desapegaban más centros oscuros de ellas. Era como si al estar ofreciendo esa danza nupcial los pensamientos densos, rígidos y díscolos se perdiesen arrastrados por su propio peso.

     Y  el  rumor susurrante de la Madre Muerte habló…

“Estos elementos que abandonáis son de materia mucho más dañina que los anteriores, ya que en ellos están  ancorados todos aquellos pensamientos alimentados por las envidias, los celos, los orgullos, las vanidades y  todas aquellas situaciones egoicas que sin nombrar conocéis.

Pero no como las observáis en los otros sino mucho más  sutiles y evolucionadas”.  

 

 La Madre, como foco del Amor Universal, con sus propias manos recogió esos despojos amorfos  y lo depositó en la misma fosa común. Era curioso observar que la fusión de esa materia egóica estaba aún viva. Cubierta pero no eliminada.

   Después del rito de purificación y desnudos desde el alma la Madre Cobra abrió sus fauces divinas y todos entramos en su interior. Fuimos tragados por la serpiente, así fue nuestro acto de voluntad. Y dentro de ella nos encontramos con la cobra macho, pero no se nos representó como tal, sino  como un pene,  como el que adoran los hindúes del limgan-yoni.

   Nos sentamos todos en círculo alrededor del falo inmenso. La plataforma elíptica, como vulva sagrada,  que lo sostenía era un espacio preparado y formaba una especie de canal.  Todos llevábamos colgados en el cuello collares de flores frescas. Eran nuestras ofrendas al Dios de la Creación, al Eje del mundo. El recinto se convirtió un rosario florido y nos hallábamos ante un falo acicalado de virtud.

  Y el Falo Cósmico nos habló y nos dijo ...    

           

                                       ( Isis y la Erótica Iglesia Románica de Cervatos.)  

  “Todos los presentes tienen que crear  magia con la pareja aunque no se encuentren en contacto físico. Profesen  una expectativa previa a la creación más allá de lo conocido, con la materia que aun está por crear”

   Ante dicha solicitud cada pareja se miró a los ojos con profundidad, como intentando descubrir dentro de ellos nuevos universos por descubrir, por crear. Y se elevó una forma de energía vinculaba al hombre y a la  mujer y de mujer al hombre. Esa creación  Vital no se relacionaba con la copula, pero si existió un inicio de excitación sexual. Se sintió como la estancia parecía una brasa,  de tal forma que el pene sagrado llegó a derramar aceite dorado.

  Ese óleo líquido se difundió por el canal y nos cubrió con su inmensa calidez  hasta el quinto chacra. Era el fuego de los filósofos ese aceite caliente no quema. La revolución de la conciencia nos levantó. Todos éramos jóvenes, no existía  el dolor, nuestro corazón  y nuestra alma no conocían la pena, la paz se vivía como única realidad, y cada pareja se entregó a la creación álmica  más pura, porque eran almas limpias.

    Después de un tiempo indefinido en el no tiempo volvimos a  la sala circular. Salimos de la DIOSA COBRA sintiendo la lozanía. Entramos asexuados, para recibir la pureza y con esa integridad adquirida volvimos de nuevo a la unión para volver a crear.

  La eufonía que se percibía era casi inaudible. La melodía procesaba un canto inclinado hacia la entrega sexual sagrada, y cada pareja se recogió en un habitáculo esférico aparecido en la globular estancia.  Nadie veía a nadie, sin embargo, Jesús y yo al estar en el mismo centro los contemplábamos a (Canecillo de la Iglesia Románica de Lorenzo de Vallejo Burgos) todos.

   Subimos al altar, la Esfinge-Serpiente al estar enroscada y por su dimensión nos ofreció su cuerpo como cama, pero sus escamas sedosas eran pétalos de flores. Todo estaba cubierto de las ofrendas lúcidas que entre todos habíamos otorgado al pene. Mullidos con las corolas sentíamos su aroma, su frescura siempre viva, pues esos  corazones nobles no conocían un estado marchito.

   Fue allí donde comenzó nuestra unión nupcial, y cada uno de nosotros creaba formas sabias, runas de amor como posturas imposibles para el humano. Constituíamos ensayos de magia divina que nos ayudaban a alcanzar el equilibrio personal y nos hacían sentir plenos, ya que esa era la única manera de ayudar al mundo, con nuestra totalidad de espíritu, con nuestra alegría transportada y extendida.

   En uno de los ejercicios por dar palabra a lo indescifrable   creamos un acueducto con nuestro cuerpo y estando de pie conectados con el fuego de Vulcano empezamos a girar sobre nosotros  mismos llegando a formar una esfera. La sensualidad que se generó nos reunía en una dimensión distinta, cada cual se reunía con El y con Ella para formar al Hijo Crístico. El fuego no se extinguía y el clímax se desdoblaba constante sin llegar a la explosión, todos nos mantuvimos en ese estado de éxtasis místico sin pérdida energética pero en un sentir constante. Algo superior a lo conocido, comprensión, discernimiento, conciencia; éramos desapegados observadores. Iluminación. Ese era el producto, de eso está hecho el universo. Generábamos luz creadora. Catalizador necesario para la creación de los mundos.

   Existía una efervescencia sexual tan gloriosa que nos empezó a salir leche de la cabeza,  y ese mágico surtidor tenía como fin dar el alimento.  Y de repente aparecen tantos surtidores como una fuente de maravilloso maná para cada uno de los presentes. Bebieron de ese manantial. Sintieron la emulsión superior  fruto del fuego mercurial, y  sabía a miel templada,  como la leche que sale del seno de la mujer cuando amamanta.

   Nuestros acompañantes al probar ese fluido sagrado entendieron que debían crear ese mismo  vínculo relacionado con la conciencia en Luz. Experimentaron el embeleso con el centro superior de sus Seres íntimos y aparecieron de sus cabezas el mismo producto de bendición.

 

Identificados con esas circunstancias entre todos alimentamos con esa leche a aquellos que siendo de Ley y de Justicia divina no poseían la personalidad necesaria para tener ese coito sagrado, pero si requerían de ese tipo de atención interna.

   Cada pareja alimentó a sus congéneres, no todos pudieron recibir la  Sabiduría de alimento, porque la Ley marca sentencia tanto para recibir como para poder dar.

   En el momento en que ya todo lo más cercano  se suponía saciado, la leche reboso la estancia y los chorros, como fuentes de manantial infinito cubrieron la tierra. La energía se integraba a nivel de conciencia colectiva a  todo aquel ser de luz que la necesitara, Gaya misma se envolvió  de eses amor nacido de la sexualidad como la que realizan los Dioses.

 Terminado el acto de amor todos en  la sala  nos miramos extasiados.

  Creíamos que nosotros aún no habíamos  ingerido esa sustancial miel. Entendíamos que su poder sólo nos había bañado y la Madre nos explicó…

“Os habéis alimentado de ella,  porque tantas veces como salía y pasaba por nuestro cuerpo desde la (Iglesia Románica de Benavente, Zamora)        parte naciente del cóccix hasta el chacra de la corona os ha bañado. Más el humano cree que todo el alimento debe entrarle por la boca”.

   Nos miró con la condescendencia de la emoción del alma y continuó…

“Pensad hijos míos que  si algunos de los hombres han bebido un sorbo de Ella, todos vosotros habéis  estado bebiendo cada partícula otorgada por formar parte del  ritual”.

      La música irrumpió de nuevo… y la Madre en su estado de Olimpia nos señaló… 

“El bailar con armonía rítmica  es un acto sagrado de comunicación con Dios a través del movimiento. Las llamas del fuego se avivan cuando se genera la corriente espiral creando el cono divino”

   Si medir más palabras nuestra conciencia movía al cuerpo hacía la danza. Las parejas eran compenetración y los gestos creados una coreografía divina. Era un estado de Prana perfecto. Nuestra desnudez fue vestida. La piel a escamas doradas cubierta. La agilidad del movimiento etérea.  Éramos serpientes. Cobras humanas con las mismas habilidades, poseedores de su sabiduría. Nuestro deambular se hizo lento, sosegado,  y en el organismo de cada cual se produjo una metamorfosis íntima y física a la vez. De la nuca se abrió un orificio y de él salió una serpiente de oro, viva, autónoma. De esa primera vértebra cervical ascendió por el cráneo dio dos vueltas por la cabeza y se posó en la frente.

   Todos los invitados fuimos  conscientes de que el ritual había terminado y que teníamos que abandonar el templo. Nos íbamos siendo serpiente. Pero antes de salir Diosa Madre nos dirigió las siguientes palabras…

“Todo este rito se ha sucedido en los mundos internos. Vuestra serpiente se tiene que convertir en el Dragón divino de la palabra y vuestras acciones deben ser consecuentes con Él. Mi sabiduría os ha sido revelada y espero que florezca en vuestro labios fecundos.” 

   Descanso unos segundos mirando que todos los presentes escucharan… 

“Es obvio que en un principio  la llevareis en la mano propia sin verla, y por ello, cuando la veáis en la mano ajena creeréis que son  los demás quienes la poseen. Aprenderéis cada cual a su ritmo que la hoguera abrasadora de la sabiduría la gozáis dentro”.

“Ahora hijos míos” Expuso de su rosa de la garganta…

 “Estáis preparados para eliminar la suciedad que cada uno vosotros lleva dentro de sí en el mundo físico. No existe excusa ni  demora. Este acto de amor que con él os vais a bautizar cambiará el objeto de vuestra vida en la tierra”

   Del entrecejo de la Cobra que todos llevábamos en la frente salió un poderosísimo rayo que nos cubrió y toda la suciedad energética que removimos en el baile se hace conciente. Los libros, las penas, las lágrimas, los celos, todo lo que había quedado en esa fosa y que la Madre había cubierto, pero  no eliminado, estaba enfrente de nosotros.

  Su virulencia era perniciosa, instintiva, carente de alma aparente,  pero inteligente.  La vemos como una entidad elemental, absurda en su existencia, ajena a nosotros. Deseamos en conjunto su eliminación total.  

Y la Madre Kali nos  aconsejó de nuevo los pasos a seguir…

“Conciencias Magnas en vez de de eliminar esa gran potencia surgida del primer chacra, que generasteis equivocadamente por dar un valor indebido a una causa de aprendizaje, reconvertirla. Extraer de ella la luz que posee en su esencia experimental”.  

    El reconocimiento que cada cual hizo de ello, creó un estado superior entendimos que la lección que nos ofrecían era la capacidad de volver al Sendero.

   Y la Diosa nos explicó…

“Sabéis  que todo es movimiento y que el apego os aferra. Os impide ese libre circular que la energía necesita para crear. El deseo es la esclavitud que os hace sufrir,  y la ignorancia es el apego que da lugar inconscientemente al nacimiento del deseo”.

   Y mirando hacía la fosa, en nuestra mente se encendió el entendimiento (“El templo de la ciencia pura debemos buscarlo en la negra sepultura” Samael.)

   La negrura con el entendimiento se transmutó y lentamente,  ante nuestros ojos se expandieron hacia arriba millones de luminarias, y cada irradiación se iba a un espacio determinado. Muchas se dirigían hacia el perdón, otras hacia  las personas que lo generaron y unas pocas ingresaban en el AIN SHOP ABSOLUTO. Todos participamos en la misma división de partículas, sólo era la cantidad lo que variaba y al liberar cada uno de nosotros fue liberado. 

   Salamandras de Luz estelar era lo manifestado y una  fuente maravillosa de amor nació de la unidad conjunta. Las copulaciones habían sido perfectas, idóneas, y de todas ellas elaboramos un hecho, un acto sagrado de magia que por común acuerdo denominamos ACTO NUPCIAL.

   Los huevos quedaron allí al lado del altar y  dentro de cada uno de ellos se gestaba una serpiente de oro. Macho  y hembra alimentados por el cordón umbilical del cosmos. Se incubarán  en los misterios  que brindan la fusión de los átomos divinos. El amor consecuente es Ley.  Y su letargo será despertado de nuevo cuando otro conjunto de personas generen lo mismo que entre todos nosotros hemos creado.

    Y después de esas elaboraciones íntimas  la Madre Cobra nos explica…

 “En ese rito que habéis procesado,  no tan sólo se reconvertirá  la energía negativa en positiva,  sino que se os otorgara más poder. Ha sido muy hermoso. Digno de los guerreros que ansiar luchar por la Luz.

   El dominio  y la posesión del cargo nuevo estaban finalizados. Las almas se despedían del encuentro y los que vinieron con la  pareja se  fueron juntos, y para los otros, los que compartieron su don de crear con el alma gemela, la Madre Divina les dijo…

“Vosotros habéis conocido, como los que ya han partido, el amor universal. Vuestra unión es como una gota de océano indivisible,  que jamás se desprenderá de Él, a no ser que eso esté en vuestro deseo, por ello, ya jamás os separarán, el acto nupcial esta firmado con mano de oro.

    Todos vosotros que vais a salir del templo, y vuestro lecho no es compartido  encontraréis el homologo,  y os sentiréis en la plenitud de la espera física, porque la cohabitación sexual en otros planos está realizada, realizándose”.

   Los recién encontrados abandonaron el templo plenos, y a nosotros, a Jesús y a mi la Madre nos dijo…

    “Quedaros recogidos en  la Cobra, pues vuestro trabajo continua…”

                                        

   Ambos nos quedamos relajados seguíamos concibiendo la experiencia intensamente cuando notamos que la cuna se mecía. La  Serpiente nos estaba elevando y con Ella entrábamos en el reino del Dios Agni.

  La Deidad nos cuestionó…

Creo que deberíais realizar un ejercicio con el que intentar que en vosotros se registre una energía superior a la poseída. Esta apreciación os la otorgo por un motivo muy concreto, donde vais a penetrar, en esta ocasión, existen una gran cantidad de yoes de carga negativa y puede resultaros dañino”

   Desapareció esa  excelsa dimensión con un gesto tan fugaz como el del parpadeo. Delante nuestro se erguida el vacío y como límite una pared inmensa   coercitiva, pendenciera y profunda. La única manera de avanzar era apoyarse  en sus dos peldaños con los pies y sostenerse en los ladrillos salientes. Entendimos que ambos no nos podíamos sostener en el precario espacio. La única manera era que uno apoyara las manos donde el otro tenía los pies. La postura copular era la prueba.

   La sala se matizó  con un tono anaranjado. La pared se incendió  el fuego nos rodeaba por todas partes, pero nuestros cuerpos mantenían la estabilidad.

Una voz insondable e interior nos hablaba…

“Sois uno,  armoniosos con el todo. Sed una chispa divina. Cread el fuego sagrado. Ese es el medio”

   Erigimos de nuestro cuerpo un solo templo. La misión de la cúpula no se basó en el sentir. Ni el placer ni es displacer eran objetivos.

Y la voz volvió a silbar…

 “Nada os puede afectar,  si en la misma materia actuáis conforme  a una octava superior, es decir, si el fuego interior es mantenido por la voluntad de acercarse a Él ningún otro fuego podrá jamás quemaros”.

Debemos hallar el medio para descender de esa pared. Sabíamos que suponía a nivel físico un esfuerzo  intenso pero nuestra meta es seguir. Nos limpiarnos por dentro con nuestra canción de gloria.

   Este trabajo continua en el nº 25 que corresponde a la Lujuria Morbosa que producen las Tragedias... 

  

  

Grabación Nº.- 2612 A 2614-2615 -2616-2617- 2618 /  24/5/09

 Esta vivencia  puede ser divulgada por Amor a la Humanidad pero con la condición,  de hacer un uso correcto, y de no sacar beneficio económico  por ello.

Correo Electrónico de Jesús y Montse yeshua9999@yahoo.es   

 

                                                                                               Siguiente>>>>>>