GNOSIS EXPERIENCIAS

  

 
1 MUERTE DEL EGO DE

 LA  PENA AJENA

 

 
 

2 MUERTE DEL EGO DE 

   FALSO SENTIMIENTO DEL HONOR

 

 
 

3 MUERTE DEL EGO DE

 MIEDO A DAR MALA  IMAGEN

 

 

 

4 MUERTE DEL EGO DE  

  MIEDO A LAS CONSECUENCIAS  

 

 
 

5 MUERTE DEL EGO DE

  MIEDO A LA SOLEDAD

 

 
 

6 MUERTE DEL EGO DE

MIEDO AL MIEDO

 

 
 

7 MUERTE DEL EGO DE

    LOS  C E L O S

 

 
 

8 MUERTE DEL EGO DE

   LA ENVIDIA

 

 
 

9 MUERTE DEL EGO DE

 LA S U M I S I O N

 

 
 

10 MUERTE DEL EGO DE

LA VANIDAD  HERIDA

 

 
 

11 MUERTE DEL EGO DE

 LA CRISIS   EMOCIONAL

 

 
 

12 MUERTE DEL EGO DE

UNA FACETA LUJURIOSA

 

 
 13  MUERTE DEL EGO DE UNA      PRESENCIA  LUJURIOSA  
    

14 MUERTE DEL EGO DE

 AUTOREPROCHE EN EL

 RESENTIMIENTO

 

 
 

15  I N I C I A C I O N E S

  PRIMERA PRUEBA DE       LOS CUATRO ELEMENTOS

 

 
 

16 MUERTE DEL EGO

LA LUJURIA A TRAVÉS DE LA IMAGEN

 

 
 

17 MUERTE DEL  EGO

DEL HALAGO Y LA FALSA MODESTIA

 

 
 

18 MUERTE DEL EGO

MIEDO A QUEDAR EN FEO

 

 
 

19 MUERTE DEL EGO

EN EL RECUERDO DE UNA PENA

 

 
20 MUERTE DEL  EGO  

OTRA FACETA DE CELOS

 
 

      21 MUERTE DEL  EGO

    INGRATITUD AJENA

 

 
    

   22 MUERTE DEL  EGO

  UNA FACETA LASCIVA

 

 
    23 MUERTE DEL  EGO

   SENTIMIENTO DE       

    AUTOLASTIMA

 

 
  24 MUERTE DEL  EGO

   ACTO NUPCIAL DE LA

     COBRA DORADA

CONTINUA..........

  25 MUERTE DEL  EGO

     DE LA LUJURIA

      MORBOSA DE LA

      T R A G E D I A

 

 

 
  

  26 MUERTE DEL  EGO

       LIBERAR A LA     

       VIRGEN NEGRA

 

 
   

  27 MUERTE DEL  EGO

     DEL REGISTRO

    ANCESTRO DE LOS

 ARCHIVOS AKASICOS 

 

 
 

   28 MUERTE DEL  EGO

     DE UNA FACETA

   DE LA ENVIDIA EN LA

        I N F A N C I A

   

 
    29 MUERTE DEL  EGO

   LA MAMA OCA O LA

        MADRE  GANSO

 

 
 

  30 MUERTE DEL  EGO

           MIEDO A MI

           DEBILIDAD

     

 
 

   31 MUERTE DEL  EGO

       LAS DISTINTAS

     CARAS DE LA IRA

 

 
   32 MUERTE DEL  EGO

    FRUSTRACIÓN CON

    LA IRA

 

 
   33 MUERTE DEL  EGO

   LA INCERTIDUMBRE

   Y LA DUDA

 

 
    34 MUERTE DEL  EGO

     PENA A HERIR  LOS

 SENTIMIENTOS AJENOS 

 

 
   35 MUERTE DEL  EGO

         L E V I A T A N

      PRIMERA PARTE

    

 
   36 MUERTE DEL  EGO

    L E V I A T A N

   SEGUNDA PARTE

 

 
  37 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    PRIMERA PARTE

 

 
  38 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    SEGUNDA PARTE

 

 
  39 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    TERCERA  PARTE

 

 
   VOLVER A LA

   P R I N C I P A L

 

 
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

            

LUJURIA MORBOSA DE LA TRAGEDIA.

                               

   ( Este trabajo se desarrolló a continuación de la experiencia narrada en la pagina nº 24. )

    Llegamos a una zona llana, oscura y húmeda. El fuego que nos rodeaba desapareció en el mismo instante que la unión alquímica cesó. En esos instantes un cementerio predominaba en el campo de visión.    

   Anduvimos por el largo camino y allí donde mirásemos sólo se veían  tumbas, lápidas y sarcófagos…El conjunto del ambiente era antiguo, sucio, derruido y maltrecho.

   El camino de llegada hasta ese lugar yermo había sido duro y la visión de esta necrópolis también, pues la imagen repetida implicaba un asedio por su constancia. En esos instantes el tiempo perdió su sentido y no encontrábamos la salida, ni forma de eliminar ese proceso. El objetivo parecía estar cubierto por el desasosiego y el laberinto de sensaciones cíclicas  creó indolencia. Estuvimos tentados de dejar nuestra lucha en ese punto y retomarla en otra ocasión. Nos venían pensamientos de que “una retirada a tiempo no implica una derrota” “mejor dejarlo ahora” y en verdad estábamos en el límite de la resistencia. La capacidad de visualizar se desquebrajaba… entonces entendimos que nuestras células espirituales se fragmentaban. Una, la superior se encontró con Agni  y al recibir una chispa de su Conciencia comprendimos  que las otras partes de los cuerpos estaban trabajando con mucha intensidad para mantenerse.

    Le preguntamos a la Madre si podía asistirnos, y Ella nos contestó…

En muchas ocasiones he puesto mi pie sobre el dragón, y así en la innovación de los tiempos seguiré haciendo, pero en esta dimensión que perpetráis  como podríais despertar sin morir. Sois oro de bálsamo, y  en este proceso de expiración existe un infierno frío. Poned en él los ojos para ver, los oídos para oír y el entendimiento   os abrirá la flor de la sabiduría, la divina Sophia. Llamad pues a quien sobre la bestia vence. Llamad a aquel que es como Dios”.

    Comprendimos que la Madre se refería al Arcángel San Miguel y ambos solicitamos su presencia…

“Arcángel Miguel, por favor, ven a nosotros ahora. ¡Necesitamos tu ayuda¡” Esa era nuestra demanda.

   Y  allí ante nosotros,  se postró su Magnitud, sin embargo optó por mantener la misma posición que la Madre; asistía y a la vez se mantenía al margen.

   La preguntamos a ambos si podían explicarnos que representaba el cementerio que se hallaba ante nosotros  y la Madre nos contestó…

“Este tipo de ayuda en este ámbito no es posible. No perdáis la energía solicitando sentido,  porque no son por estos rumbos por  donde la solución se plasma”.

   El desconcierto era grande. Nos sentíamos vulnerables. Deseábamos ser valientes; ser tenaces pero sin duda, el enigma junto al cansancio nos doblegaba a abandonar.

   Y cuando nos íbamos a dirigir a la Madre para indicarle nuestra intención Ella nos expuso…

 “No podemos actuar porque cada mausoleo es una creación mental, y éstas las estáis  generando constantemente. Si  actuamos se convertiría en una acción para fecundar lo absurdo. Eliminaríamos una y se  crearían mil a través de la dispensación de esa energía, así que sois vosotros, con vuestras actuaciones espíritu-mente los que las eliminareis”.

   “! Entonces Madre ¡” Le cuestionamos…

   “¿Vino San Miquel a proteger nuestra vida de la ignorancia?”

   “Vino por su compromiso con el amor…

    Vino a daros orientación y propósito a esta causa.

    Vino a liberaros el espíritu a través del alma…

    Os repito poned  los ojos para ver, los oídos para oír y el entendimiento   os abrirá la flor de la sabiduría.”

   De repente ante nosotros el contexto se empezó a mover.  Comenzamos a  ver esqueletos que salían de sus negras sepulturas  y nos presentaron batalla. Nuestras armas improvisadas eran contundentes,  pero cuando los huesos  se desmoronaban en cientos  de ellos surgían otros. Y así  constantemente, si no combatíamos nos eliminaban si lo hacíamos creábamos guerreros en nuestro detrimento. Llegado ese extremo nuestros ojos transmitieron la información a nuestra mente… Debíamos de buscar otra salida, y fue elocuente al encontrar una información previa de ello. La Madre ya nos lo había comunicado antes… y es que a menudo no sabemos escuchar lo que nos dicen… A partir de ese instante el entendimiento abrió la flor y creamos una pantalla protectora contra esas creaciones muertas, pero vivas.  

   Allí la Madre y el Arcángel se personaron son su digna estola de luz y ella nos preguntó…

   “¿Qué  es lo que sentís hijos míos?”

   Ambos sin necesidad de hablar le dijimos…

   “Sentimos impotencia, rabia, ira y desesperación…”

   Entonces la Diosa nos cuestionó…

   “Reflexionar ¿Todos esos sentimiento que tienen en común?”

    Y al recapacitar sobre esa pregunta, la palabra surgió como un borbotón de petróleo.

  “MIEDO”.

   Ante esa revelación, quisimos averiguar ante la Diosa…

   ¿Pero estamos matando otra vez al miedo?

   Nos miró con aquella contemplación que ansia la evolución del ser y contesto…

    “Valoradlo”.

   Salimos de la protección de la mampara, y decididos no nos enfrentamos a las armaduras óseas que nos acechaban, sino que cogimos sus lápidas con sus  nombres y las empezamos a lanzar a hacia  un horno crematorio que creamos con la mente en el astral. La intención era determinada, esas identificaciones vivas en muerte iban a ser requeridas por su nombre y  con ello desaparecieran en el mismo fuego que su identificación consumía.

   Sin embargo, algo no salió preveíamos en el momento de levantar esas losas se sintió bajo los pies una gran removida de tierras, y de todos los espacios a los que nos alcanzaba la vista empezaron a salir entes muertos. Eran  difuntos vivientes, zombis. 

   La multitud de creaciones era tal que llegamos a creer que estamos trabajando contra la magia negra, ya que,  en muchas culturas los magos “crean” zombis, es decir gente a los que se les roba la voluntad.  Pugnamos contra esa nueva horda. Si a los esqueletos  les intentamos vencer desarmando su coraza de huesos,  a los zombis le quisimos sesgar sus cabezas. Pero estaba claro que no aprendíamos la lección. Caíamos en el mismo error,  contra esos espectros no se podía combatir, ¿Cuántas veces nos tenían que reiterar los conceptos para que nuestra mente entendiese? Y eso nos pasa a muchos en el físico o sino… ¿Cuántas veces consideramos la lección aprendida, y ante una modificación de los motivos o las razones tomamos el rábano por las hojas?

   La creación de la mampara fue obligada y eso nos permitió permanecer en ese espacio, y ante ese dilema íntimo. La caterva errante nos rodeó y permaneció en todo instante al acecho. En ese descanso, labor  necesaria para recuperar el resuello, admitimos comprender que… si los Maestros con su esencial inteligencia no empleaban sus espadas de Luz por ser improcedente, que íbamos a hacer nosotros simples mortales,  nadidades del infinito.    

   Pensamos en cambiar la táctica del ataque. Decidimos enviarles  luz, indulgencia, perdón, amor, color,  hermosura, vida,  todo lo que se nos pasaba por la cabeza que pudiera ser positivo. De todo ello no hicieron acopio,  más se quedaron en el mismo proceso de agresión.

   Los sentimientos que afloraban ya no eran de miedo sino de “escándalo”. Nadie nos podía ayudar, no encontrábamos la forma de hacerles frente, y la única manera de salir de allí era dejar aquel espacio abierto, pero  si salíamos de la pantalla protectora éramos pasto para nuestros atacantes. Estábamos convencidos, la prueba era superior a nuestra capacidad.

   Después de mucho deliberar, sin fuerzas ni ideas decidimos invocar a la energía que mueve a esos seres egoicos. Ante nuestra solicitud sus cuerpos belicosos empezaron a fundirse y todo a nuestro alrededor fue preso de un portentoso  movimiento. Todo temblaba. La estabilidad era imposible, y ahí delante de nosotros se creó un agujero de grandes dimensiones. Era una entidad  perversa en  el intento de engullir. En ese caos existencial abrimos la envoltura protectora y decidimos bajo nuestra voluntad el meternos dentro de él. Enfrentarnos. Luchar  para buscar el origen. Sin la causas el efecto persiste y a veces aumenta o muta, pero siempre quiebra el alma.

   La abertura no era en verdad tal, sino  una masa inmensa, oscura y creadora de apariencias. Era la parte de absurdidad que se escondía en el embrollo de la mente,  el espacio del que nos hablaba la Madre. El callejón sombrío preparado  para huir de si mismos.

   Penetramos en el laberinto. En su interior albergaba ciudades enteras.  Deambulamos por sus calles y no se veía a  nadie. Todo estaba mecanizado, el procedimiento autómata nos recordaba al funcionamiento de una estructura mental evocada desde el hábito. La intuición nos inducía a pensar que esa organización funcionaba para crear sin sentir, es decir el amor, la compasión, la ternura y las nobles virtudes no estaban representadas.

    Entablamos una conversación de cariz filosófico sin dejar de vigilar el entorno aparentemente sin hostilidad. Y dedujimos y en voz viva hablamos…

    -“Jesús creo que este  sentido  exagerado  de la emoción es de la misma naturaleza que el ego del sin sentir que se percibe en este lugar, del mismo modo pienso que ambos expresan crueldad”-.

    -“Si”- Contestó Jesús y después de unos instantes añadió…

   -“Aquí se percibe la respuesta emocional de la indiferencia o quizás te diría…”- Dejo que un suspiro aletargara sus palabras…

    -“Que temo que sea algo peor que la misma indolencia en el sentir, es como si en el discernimiento pudiera considerar la opción en la que en este lugar se obtiene placer con el sufrimiento de los otros”.

   -“Pero”- repliqué…

    “-Si esto es nuestra creación… ¿De donde aflora?, ¿Qué o quien  lo mantiene? …”

    Y Jesús contestó… -“Pienso que nos encontramos en un espacio recóndito de la emoción. De esa emoción llamada lujuria.”-

    -“Y entonces…”- Exterioricé y aglomerando mis ideas en palabras dije…

   -“Si, puede que tengas razón estamos en una parte de nuestra tragedia acumulada en el centro energético de la memoria ancestral.”-

    -“Pero si es un sentir”- continúo Jesús. Y sin dejarle terminar su frase mostré de nuevo mis dudas…

   ¿Cómo lo relacionamos? ¿Cómo relacionamos nuestro presente en esta creación?...

    Ninguno de los dos sabía que argumentar. Y casi al unísono nos creímos portadores de la Justicia Cósmica. Lo íbamos a destruir todo. Dinamitaremos esa semilla del mal y todo desaparecería.

    Nos encaminamos hacia el espacio-montaña más alto de ese lugar. La intención era clara y determinante. Nada ni nadie nos interfirieron, ni éramos molestados. No se produjeron obstáculos, ni hubo  voces que nos amenazaran. Toda esa facilidad nos inquietaba sabíamos que estábamos dentro de ese ser y en su elemento.

   Llegamos a la cima y preparamos una carga de Luz en la parte más alta y al bajar se repitió la acción en la zona inferior. La Luz iba a ser la protagonista del desenlace… o eso creímos nosotros. Unimos las conexiones de las dos voladuras provocamos una gran explosión lumínica. Cerramos nuestros ojos ante tanta claridad, y lentamente todo pareció quedar en calma y los abrimos…

    Era espeluznante… Si antes apaleábamos a un monstruo-maquina, ahora esa maldad se hallaba dividida en miles de partes. Esencias del mal millaradas en sus formas. Los zombis de antaño estaban transformados en engendros deformes y esperpénticos.

    Según vamos huyendo la Madre nos hablaba en el oído interior y nos decía.

“! Hijos míos ¡Analizad…Aunque sea en la carrera de la vida, ante el peligro, ante vosotros mismos sed serenos”. 

   Y con voz de súplica nos preguntó…

    “¿Qué estáis sintiendo? Decidme ¿qué es lo que  constantemente sentís?”

   Con la voz casi apagada por la carrera ambos le contestamos a la vez y con el mismo adjetivo…

    -“Sentimos terror, miedo a perder la vida”.

  “Sin embargo…” Nos cuestionó la Madre Muerte… 

  “En ocasiones el miedo os crea una sensación de riesgo que os recuerda que estáis vivos ¿verdad?”

   Y con su rostro sonriente a pesar de los  apuros continuó…

   “Si es así… ¿Qué deducís? Pensad os va la vivencia en ello”

   Pero nuestro pensamiento recurrente no podía razonar, sólo sentía la necesidad de huir, evadirse, desertar... El lado oscuro estaba ganando la batalla. Ante ese sentimiento-acción su fuero de poder aumentaba y el nuestro aun protegido por los Seres lumínicos, por nuestras agitaciones decrecía.

   La Madre y la Serpiente sin perder sus constancias y armonías inmutables nos recordaron…

    “Aplicad el Santo Afirmar, el Santo Negar y el Santo Conciliar en la cavidad de los sentimientos”. Recordad la respuesta está en vosotros”

    “No huimos sólo de nuestro propio terror…” Les dijimos…

    “Si. Continuad insistía la Madre Muerte…

   “Deseamos abandonar el placer almacenado de otras existencias y las creadas en situaciones y juegos de esta presente, donde hemos permitido que la esencia de la crueldad se gestara en nuestro interior.”

   “¿De dónde creéis que se forja?” Nos cuestiono Kali…

   Nuestra mente parecía más despierta al poder dar nombre a lo que nos perseguía.  Y respondimos…

   “Mediante cuentos de miedo, creencias de lobos malos y devoradores de niños, hombres del saco, habitaciones sin luz, competitividad,  películas de terror,  noticias escalabradas…

   “Si, todas aquellas cosas que os dan nos miedo es lo que estamos  trabajando y además os crean tensión en las que exigís una energía superior en todos los niveles, como si fuera adrenalina físico-espiritual.”

 “Y a este sentimiento” Objetó Kali…” ¿Qué nombre le vais a dar para que pueda ser transmutado?”

   A nosotros dos las fuerzas nos  empezaban a fallar, ya no podíamos seguir corriendo, uno tiraba del otro asidos de la mano, pero los perseguidores no parecían conocer el cansancio.

   Y contestamos a la Madre…

   - “Sentimos… LA MORBOSIDAD  LUJURIOSA DEL TERROR”-.

   “Ahora ya sabéis a que os enfrentáis…”

    Y Jesús de repente me preguntó…

   “¡Dime ¡… rápido ¿Dónde te encontrarías segura? A mi no me queda imaginación para crear…”

    No se me ocurrió otro lugar que decirle que en una iglesia o en una catedral. Una vez mis palabras fueron terminadas de pronunciar delante de nosotros  en la montaña más alta se instauró el templo. Corrimos con fuerzas extraídas de la fe, y nos introdujimos en su seguridad interior. Al entrar la cuesta se invirtió,  y la carrera de esos espectros se ve avalentonada por la facilidad que eso supone y,  porque creen que la partida del alma ya es suya.

   La presteza que adquirieron era similar a la del rayo, así como lo era su ímpetu de ataque. Descubrieron que donde estábamos resguardados era la casa del Cristo, e intentaron frenar en vano, su impulso  era frenético y no pudieron parar. Entraron en avalancha y todos atravesaron el límite del portal.

    En el momento en que ellos fueron conscientes de las circunstancias a las que se sometían por su frenesí,  nosotros nos arrodillábamos ante el altar, y allí apareció nuestro Maestro Íntimo. Frente a Ellos nosotros dimos la espalda a esos egos atrapados en si mismos. Nos sabíamos a salvo.  El terror se extendía lejos del alma cándida, ajeno a la conciencia que nos inunda. Su espanto no nos afectó. Sabíamos que de  él  se alimentaban  y,  ese era su miedo. Sentían la sensación de que sin su alimento su transformación o muerte era próxima. 

    El Maestro nos indicó que observáramos y aprendiéramos de estas circunstancias. Nos fijamos que en el santuario estaban presentes además de esas miles de partes correspondientes a los espectros, todas aquellas con las que habíamos combatido. La iglesia estaba repleta de aspectos infrahumanos.

   El Maestro Celestial inició el oficio sagrado. Sus oraciones de vivo contenido se extendían como olas de bravura amorosa.  Y se oía por doquier…

   “Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores…”

   Los zombis y los esqueletos al sentir sobre su piel la fuerza de la plegaria se disolvieron y de ellos partieron  pequeñas chispas de entendimiento.

   Y la Madre, con palabras expresadas en concepto nos explicó…

“Esas masas  mentales poseen una naturaleza mucho más potente y compleja que las anteriores. Ostentan el poder de la inteligencia y un mundo donde  desarrollarse pues, el astral no conoce límites.  

Su subsistencia proviene  de los mensajes subliminales de miedo-placer-drama que hace llegar al consciente escondiendo su procedencia. Estas formas mentales absorben  la energía que genera el optimismo,  y a cambio proyectan sus visiones hostiles tomando el poder de la vida.”

   Hizo una pausa y continuó…  

“Con el tiempo esa desestabilización satisfecha de su egocentrismo provoca un emanar mecánico en las personas, y la sub-mente arrebata el  gobierno de la razón en el terreno físico-psíquico, y el del alma en el espiritual.

Esto explica que dichos seres se sientan invadidos de una gran pena interior,  y ese sentimiento al no ser generado con una conciencia-procedencia,  las hienas del bajo astral les dan la orden del sin sentir profesando una serie de “películas de terror” en su propio vivir diario y de ello saca su  alimento”.

   Tomó aire en un largo suspiro y añadió…

   “Espero que mis palabras os resulten de fácil entendimiento…” Y siguió narrando su explicación…

   “Desaparecidos los autómatas como visteis  quedaron esparcidos por el templo esos miles de engendros. Estaban paralizados,  pues nacieron del fruto de sin sentir,  por ello,  la sensación que se percibía al principio de temor no pertenecía a ese tipo de masa, sino a los androides sin voluntad, porque sabían que iban a desaparecer. Su teórico amo les rechazaría y como muchos humanos prefieren sentirse denigrados a potenciar cambios,  por miedo a lo desconocido y  miedo a la no aceptación por parte de los demás integrantes del nuevo núcleo”.

 

   Nos miró sin dejar de observar y controlar el ambiente del templo y siguió…

  “Y es evidentemente que si al ser se le extrae el alma sólo se mantiene la bestia,  y ésta no siente a partir de unión, no creció en el amor, ya que en su fuero interno el mundo es él. Esas partes equivocadas de la creación humana  no se mueven…Saben que no pueden moverse que allí,  les es negado el circuito de energía del terror. No mueren pero tampoco se van”.

   El Maestro de ceremonias, que es nuestro Guía Interior sigue oficiando en el altar,  y la Madre se acerca a él y a la vez a nosotros. Y nos pregunta…

“¡Hijos míos! ¿Entendéis mis palabras, mis explicaciones sobre lo que está sucediendo?”

   -“Si Madre”- Contestamos los dos…

   -“Lo entendemos. Sabemos que el compromiso realizado es un trabajo contra la lujuria en su propio laberinto. Es ese tipo de lujuria que provoca el morbo de las situaciones catastróficas, los sentimientos de pena e identificación con ellos,  el que genera las películas de terror, las bromas de mal gusto y todas aquellas atrocidades que a la persona hacen sentir ese sentir”-.

   Y la Madre nos preparó un jeroglífico que resolver…Necesitábamos del método de estrategia para solucionarlo…

   “Decidme…Algo que no siente, que no piensa, que es o está amorfo.

 ¿Cómo le destruiríamos?…

                              

Porque el amor como soplo

no lo va a sentir…

La lluvia no lo va mojar.

El fuego no le va a quemar…

Materia ya es…

Ninguno de los cuatro elementos lo va a asolar.

Con el perdón da lo mismo…

porque no siente…

y de conciencia no tiene,

No se le debiere cargar…

porque no vive,

y sin embargo, está.

No siente.

No vive pero vive.

No esta muerto, pero mata.

 

   Tiempo después de deliberar las posibilidades le dijimos a la Diosa Kali nuestro dictamen sobre el tema…

   “Madre estamos en un templo cristiano… ¿Nos puede ayudar en esta tarea el Cristo?”

   En esta ocasión intervino el Maestro y nos dijo…

   “Si   Él os puede ayudar… Pero ¿Qué es lo que le vais a pedir al Cristo si ante la parte que os enfrentáis de vosotros mismos no siente?

   Y Jesús contesta al Guía…

   -“Maestro que les  de un ápice de conciencia”.-

   El Mentor después de unos instantes de consulta expuso…

“Si Él está conforme…”.

 

      Y ante nuestra insignificante presencia  apareció  el Cristo. Sus labios parecían sellados, sólo nos miraban con  bondad infinita. En un instante  creó tantos dobles en su imagen y semejanza como entes existían dispersos por la capilla. Se introdujo en el interior de cada uno de ellos, y con un sentimiento puro de amor y de compasión les abrazó el alma. Él reconoció sus energías equivocadas, pero sopeso su capacidad de transformación, y sabía que su génesis era sin lugar a duda nacida de la energía. A cada uno,  le encendió  en la parte superior de su cuerpo-forma, una vela de pequeño tamaño para que sólo tuvieran el instante de conciencia  necesaria que les permitiera sentir y metamorfosearse.

         

    En ese momento todos los Cristos encendieron  la candela a la vez y salieron de esos cuerpos para iluminar su camino. Provocaron en ellos ciertos instantes de conciencia Luz, y en esos fragmentos del pensamiento distorsionado se observaron a sí mismos. Entraron en contacto con la gnosis de su existencia, y al ver su propia imagen, su crueldad y el  sentimiento de amor muerto sufrieron  un estado de pánico ante su imagen. El terror no reconoció  su propia esencia, él tan sólo se adaptó a sus necesidades, y eso implicó que esos seres empezaran a alimentarse de esa nueva fuente de miedo. La masa-consecuencia  percibió algo… Creyó sentir pero su chispa de conciencia no le permitió reconocer más allá, y cumpliendo con su hábito atrajo hasta el último sorbo del terror, sin darse cuenta,  que en verdad a quien estaba absorbiendo era  a si mismo.

Ante esa visión la Madre nos recalcó…

   “Cuando la conciencia ilumina al  terror, éste se engulle así mismo en el mismo terror, y entonces carece de capacidad para existir y desaparece”.

   Y el Maestro nos indica…

   “Lo único que vence al miedo, al pánico, al terror y a todos los sinónimos de sufrimiento que existen es llevarles a la conciencia y entender su objetividad”.

   Escuchábamos atentos  sus palabras, la unión de las Tres Fuerzas (Padre-Madre-Maestro) presentes creaba en ese templo un halo de magnitud sublime. Su voz sin palabras seguía resonando en nuestro interior, como si en el fondo se tratara de una conversación íntima  del yo con el yo,  y sus pensamientos transmitidos a nuestra mente eran estos…

   “Esto no siempre implica conocer su causa, éstas son perspicaces y se evaden de la comprensión del humano con mucha facilidad. Pero sí podéis analizar el objeto de su causa o los efectos de su acción. Reconocerle, aceptarle como erróneo. Entender y perdonaros por el hecho de crear su existencia, así como  eximiros el  que a veces os embriague el desánimo,  la confusión,  y el desasosiego de su agonía, que cuando se sufre parece eterna.

   Aceptaros y luchad. El reconocimiento requiere un control,  pero tened en cuenta que el exceso o el abuso de esa medida implicarán de nuevo el florecimiento de una nueva turbación.

    Luchad contra el miedo a sentir miedo, no le deis vuestra ilusión, ni vuestra atención ni  vuestro desasosiego en arroparle, lo engullirá todo y luego querrá más”.

   Les dimos las  gracias a las partículas del Cristo, y éstas se volvieron a unificar en uno.

  Estábamos asombrados ante los acontecimientos acaecidos. El Maestro había intercedido por nosotros  ante el Salvador, lo que nos da que pensar  que tipo de naturaleza tenía que tener esa masa para necesitar tales ayudas espirituales.

   Aquella materia se deshizo como el polvo, y de él surgió de  nuevo una inundación de miles de pequeñas iluminarías,  que resurgían doradas de sus cenizas. La transmutación era la meta y la Luz creó su destino.

   La iglesia quedó vacía de cualquier materia que no fuera sacra,  y en el altar se personaron  la Madre, San Miguel que en todo momento estuvo presente,  por si su espada de fuego hubiera sido necesaria y el Maestro con su representación dual, es decir, el de Jesús y el mío.

   Y la Madre nos habló…

   “El cementerio donde os encontrabais, era como un armario al que ya no  podíais cerrar sus puertas; queríais ocultar vuestras contrariedades mentales  y ahora, cuando estáis en la capilla de este templo podéis comprobar si ese útil entraña pulcritud, y si su forma interna es correcta, ante lo cual deberíais  poder abrir y cerrar los portones con facilidad”.

   Seguidamente el Maestro tomo la palabra y nos explicó…

   “Toda la muerte viva que encontrasteis en el cementerio interno,  no sólo eran creaciones vuestras, que desde otras existencias os exigían acopio, sino que habéis estado limpiando una parte de la conciencia bastante general de vuestra sociedad, la morbosidad por el mal ajeno, si bien, como es obvio habían fragmentos de actitudes que os pertenecían como el sentimiento de pena, la identificación con los hechos, lágrimas que nos solucionan nada si lo único que mueven es la baja emoción. El poder de la acción se encuentra en el respeto y en la comprensión,  y con ellas el saneamiento del ego”.

   Preguntamos a esas Huestes celestiales que relación existía entre la lujuria y el cementerio y la Madre nos contestó…

“Parece ser que vinculasteis situaciones  que se suceden en vuestro mundo con respecto al astral. Esos seres fallecidos son fragmentos de la personalidad que los humanos consideráis muerta, con un portentoso “yo estoy por encima de eso” o “a mi este sentimiento no me influye”, “yo soy más bueno que los demás”…

   Y tras unos segundos de silencio prosiguió…

   “En ese cementerio los muertos parecían una representación muy viva. Se recopilaron en esa zona de la psique pues se sentían pesarosos debido a que en su momento, bajo su percepción equivocada o no,  nadie les dio la atención que ellos deseaban.”

   La Madre capaz de contemplar sin espanto las vicisitudes de los humanos reunió un pequeño soplo de aire y continuó…

 “Y esa fue una de las maneras de recriminar la actitud de los demás; esclavizándoos a vosotros y tiranizando al resto del entorno.”

   Nosotros escuchábamos en silencio, desde el corazón, preparados para aceptar todas aquellas derrotas, dificultades y fracasos, pues sabíamos que a través de ellas, la victoria sería nuestra. De ello era de donde partía la luz del entendimiento. Y la Madre siguió con su relato clarificador…

 “Esa falta de atención en vez de agonizar creó un regocijo malsano, primo del sentimiento lujurioso donde se encontró el gusto por hablar y sentirse cómodo ante las enfermedades, las desgracias, las penas…, es decir,  placer por navegar en los mares de la voluptuosidad mórbida”.

      El Maestro Íntimo,  el Arcángel y la Madre que utilizan su espada para abrirnos el camino hacía el entendimiento-Luz nos recordaron que  el alfanje de fuego no está elaborada para ser mal usada con la boca,  y del mismo modo nos dijeron…

   “La energía que mueve el terror o la catástrofe en las mentes humanas es adversa y muy poderosa.

   Después de un instante… el Maestro añadió…

   “Esta llega a crear en el inconsciente, y en el astral una serie de monstruos que no conocen la conciencia, ni son por ellos detectados. Estas personas a medida que su mente filtra ese tipo de sensaciones crean una serie de dependencias a la estimulación orgánica-sensorial que afecta el libre funcionar del mundo psíquico y en consecuencia al espiritual”.

   Cambió el interlocutor y siguieron informándonos…

   “   Estas gentes, a medida que la motivación genera un placer de tensión suelen necesitar impresiones más vividas, más fuertes y reales llevando a producirse situaciones horrendas de las que en las mayorías de la veces ya no existe la marcha atrás”.

Así pues continuó Kali…

   “El terror llega a formar parte de su vida, gozan con él y sus vivencias se acostumbran a la podredumbre de las sensaciones, y por lo tanto al efecto de “sin sentir” que habéis estado trabajando. La conciencia busca la sensación del peligro goza con el miedo, y no sólo quiere más sino que a menudo lo traslada a la vida física. En este nivel de circunstancias el terror crea enfermedad en al mente, ya fuere como patología sensorial, u orgánica”. 

    Una vez que la sabía exposición nos fue entregada les dimos a los Presentes las gracias por sus dedicaciones, y solicitamos que esas mismas palabras le fueran transmitidas al Soberano en lenguaje divino.

   Las imágenes de la triada se deshizo en franjas de colores y fuimos de nuevo recibidos por el Dios Agni.

   Dentro del templo observamos asombrados nuestra pureza,  y Agni nos comentó  que en ese momento sólo estábamos constituidos de esencia,  que en el rito iniciático del comienzo nos desdobló, ya que, en esos infra-mundos la materia sería victima de la misma materia. El cuerpo ying y el cuerpo yang ahora ajenos siguen trabajando  en el acto de la magia sexual, sucursal de donde nuestro núcleo espiritual se alimentaba. El físico y el Almá se fusionan y el Maestro del Fuego nos indicó que era un buen momento para el descanso,  a fin de recuperar parte de la energía gastada en la dura batalla contra el ego.

   Agni nos explicó que a simple vista este agregado parecía insignificante, y sin embargo era uno de los poderosos que tenemos en la tierra, pues la lujuria es el manto que a todos les da sustento.

  Antes de ir a la habitación de reposo vemos el jardín, allí están jugando los niños y se les enseña a cultivar las semillas del amor, a leer el corazón, a ver los colores del aura… están en la escuela de la Luz. Son seres puros que masajean el alma con su voz. Son niños con unas vibraciones  distintas a las nuestras, ellos ya están viviendo  en Agni ya son de Agni.

Nos vamos a devolver la mirada al otro mundo, el trabajo por hoy en ese espacio ha terminado.

   Y los Maestros nos recuerdan que si hemos elaborado este tipo de magia es porque seamos, consciente o no, trabajado con los dos mantrans el IAO y el KRIM y eso siempre supone un trabajo más intenso y por supuesto mayor cantidad de tiempo mundano.

 

   Gracias a los Maestros Ascendidos.

 

   Grabación Nº. 1619.1620/  24/5/09

    Esta vivencia  puede ser divulgada por Amor a la Humanidad pero con la condición,  de hacer un uso correcto, y de no sacar beneficio económico  por ello.

Correo Electrónico de Jesús y Montse yeshua9999@yahoo.es   

 

         Anterior>>>>>                                                                   Siguiente>>>>>>