GNOSIS EXPERIENCIAS

 QUIEN VE HACIA FUERA SUEÑA; QUIEN VE HACIA DENTRO DESPIERTA.        Carl Gustavo Joung

 
1 MUERTE DEL EGO DE

 LA  PENA AJENA

 

 
 

2 MUERTE DEL EGO DE 

   FALSO SENTIMIENTO DEL HONOR

 

 
 

3 MUERTE DEL EGO DE

 MIEDO A DAR MALA  IMAGEN

 

 

 

4 MUERTE DEL EGO DE  

  MIEDO A LAS CONSECUENCIAS  

 

 
 

5 MUERTE DEL EGO DE

  MIEDO A LA SOLEDAD

 

 
 

6 MUERTE DEL EGO DE

MIEDO AL MIEDO

 

 
 

7 MUERTE DEL EGO DE

    LOS  C E L O S

 

 
 

8 MUERTE DEL EGO DE

   LA ENVIDIA

 

 
 

9 MUERTE DEL EGO DE

 LA S U M I S I O N

 

 
 

10 MUERTE DEL EGO DE

LA VANIDAD  HERIDA

 

 
 

11 MUERTE DEL EGO DE

 LA CRISIS   EMOCIONAL

 

 
 

12 MUERTE DEL EGO DE

UNA FACETA LUJURIOSA

 

 
 13  MUERTE DEL EGO DE UNA      PRESENCIA  LUJURIOSA  
    

14 MUERTE DEL EGO DE

 AUTOREPROCHE EN EL

 RESENTIMIENTO

 

 
 

15  I N I C I A C I O N E S

  PRIMERA PRUEBA DE       LOS CUATRO ELEMENTOS

 

 
 

16 MUERTE DEL EGO

LA LUJURIA A TRAVÉS DE LA IMAGEN

 

 
 

17 MUERTE DEL  EGO

DEL HALAGO Y LA FALSA MODESTIA

 

 
 

18 MUERTE DEL EGO

MIEDO A QUEDAR EN FEO

 

 
 

19 MUERTE DEL EGO

EN EL RECUERDO DE UNA PENA

 

 
20 MUERTE DEL  EGO  

OTRA FACETA DE CELOS

 
 

      21 MUERTE DEL  EGO

    INGRATITUD AJENA

 

 
    

   22 MUERTE DEL  EGO

  UNA FACETA LASCIVA

 

 
    23 MUERTE DEL  EGO

   SENTIMIENTO DE       

    AUTOLASTIMA

 

 
  24 MUERTE DEL  EGO

   ACTO NUPCIAL DE LA

     COBRA DORADA

CONTINUA..........

  25 MUERTE DEL  EGO

     DE LA LUJURIA

      MORBOSA DE LA

      T R A G E D I A

 

 

 
  

  26 MUERTE DEL  EGO

       LIBERAR A LA     

       VIRGEN NEGRA

 

 
   

  27 MUERTE DEL  EGO

     DEL REGISTRO

    ANCESTRO DE LOS

 ARCHIVOS AKASICOS 

 

 
 

   28 MUERTE DEL  EGO

     DE UNA FACETA

   DE LA ENVIDIA EN LA

        I N F A N C I A

   

 
    29 MUERTE DEL  EGO

   LA MAMA OCA O LA

        MADRE  GANSO

 

 
 

  30 MUERTE DEL  EGO

           MIEDO A MI

           DEBILIDAD

     

 
 

   31 MUERTE DEL  EGO

       LAS DISTINTAS

     CARAS DE LA IRA

 

 
   32 MUERTE DEL  EGO

    FRUSTRACIÓN CON

    LA IRA

 

 
   33 MUERTE DEL  EGO

   LA INCERTIDUMBRE

   Y LA DUDA

 

 
    34 MUERTE DEL  EGO

     PENA A HERIR  LOS

 SENTIMIENTOS AJENOS 

 

 
   35 MUERTE DEL  EGO

         L E V I A T A N

      PRIMERA PARTE

    

 
   36 MUERTE DEL  EGO

    L E V I A T A N

   SEGUNDA PARTE

 

 
  37 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    PRIMERA PARTE

 

 
  38 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    SEGUNDA PARTE

 

 
  39 MUERTE DEL  EGO

       LA IRA Y LA

    SUSCEPTIBILIDAD

    TERCERA  PARTE

 

 
   VOLVER A LA

   P R I N C I P A L

 

 
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                

 

 

                

                         ELIMINACIÓN DE  UNA FACETA DE LA ENVIDIA EN LA INFANCIA        

 

   En esta circunstancia la imagen era nítida pero pertenecía a un pasado lejano, en ella se observa a Jesús siendo niño de unos cinco o seis años con los ojos agrandados por el miedo. Ante él se encontraba el yo de la envidia, semejando a una perversa fémina que le pegaba bofetones sin piedad, ni motivo aparente dejándole la cara magullada. Su tamaño  era colosal en comparación al del niño y de su boca salían junto a la saliva, vituperios… 

    “¡Eres un cobarde…¡ ¡No sirves para nada¡ ¡Tonto¡  Mira lo que tienen los demás, tu no tienes nada y ni  tan siquiera tienes un  padre que te cuide…”  

    Al oír esas palabras Jesús sintió una gran soledad y empezó a engendrar un sentimiento de incomprensión hacía el mundo del amor y el mundo del adulto. Ellos no entendían su melancolía interna. 

    La envidia le cedió visiones de otros hogares donde el orden era distinto, le paseó por las calles llenas de parques infantiles, en los que padres jugaban con sus hijos, le enseñaba navidades con abundancia de comida, de regalos y de ilusiones… y era verdad, esa señora no le mentía; él no tenía nada de eso. Su mirada se encendía de lágrimas calientes que corrían en descenso por su cara. Y en ese estado de envidia, de ira y de duda la Madre le señaló…

     “Dame tu dolor niño dámelo…”

     La Madre Muerte se engrandeció en igual tamaño que la envida y le dijo con voz autoritaria…

     “Redúcete te lo ordeno en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu.

    Redúcete en el nombre de la Luz, del amor y de la sabiduría celestial.

    Redúcete en nombre del Tetragránmaton”

     El agregado envidioso se fue reduciendo lentamente y sus maniobras estaban al acecho para comprobar si podía contrarrestar esa orden. Y la demanda persistió alegando a los Ángeles y a las Energías de la Luz Blanca hasta que ese ser del absurdo  llegó al mismo tamaño de Jesús. Y la Diosa  le dijo al niño…

     “Niño mírala ahora. Ya no es lo que parecía ser. No temas. Tú posees el poder y él te hace indestructible ante esos monstruos, porque tú naciste de un corazón puro, y ahora como adulto,  en tu vida materia  aun lo eres. Ella no puede mancillarte si me escuchas”.

      La Madre Divina mientras hablaba a Jesús entonaba un salmo mántrico y solicitó la ayuda y la presencia del Auxilio Celestial, y  siete  Arcontes de la Ley hicieron su presencia. Todos ellos iban con su armadura de lucha, y en sus manos brillaban las espadas de luz. A un gesto de sentencia de la Diosa muerte  los Arcontes clavaron sus armas de fuego en el centro del corazón de ese ente  amorfo, y aquello sencillamente se esfumó en la nada, como si su existencia hubiera sido un engaño.

     Los Arcontes de la Ley reverenciaron a la Madre y la Madre reverenció a los Arcontes dándoles las gracias y bendiciendo todo lo creado.

     La Diosa continuó sola con su ritual y cogió a Jesús y se lo llevó a un altar. La visión de ese templo era inmaculada. En el residía  el tono blanco por doquier incluso en los ropajes que vestían.  Allí se explicó…

     “Este sentimiento que has visto es una emoción que nace en los hombres. Cuando apareció en ti eras muy pequeño y tenias razones para no poder entender ni analizar todo lo que estaba sucediendo a tu alrededor”.  

     Y después de unos instantes observando la carita del niño continuó…

     “Esas imágenes las quiero limpiar de tu memoria para que nunca  te sientas débil”.

     Empezó frotándose las manos y haciendo pases por todo el cuerpo de Jesús centrándose en puntos determinados y poco a poco fuimos viendo como ese niño crecía y pasaba por las distintas edades. Cuando era pequeño las  manos divinas cuidaron su cabeza, en la adolescencia el corazón,  y al llegar a la edad adulta, la zona sexual. Al terminar ese acto,  la imagen del iniciado era la actual y con ella descendió del altar y la Madre le dijo…

     “Deseo que extiendas tus brazos y que  liberes a todas las personas o situaciones, por las cuales en un momento determinado de tu vida sentiste ese sentimiento de la envidia.

     Se que esa masa amorfa ha sido abolida de tu memoria astral, pero en el mundo de la materia  debes liberarlo tú”.

    Jesús extendió sus brazos mirando hacia el infinito  y de todas las partes de su cuerpo salieron palomas blancas. Era una visión hermosa, magnánima y gloriosa.

 

   Estaba rodeado de aves, sencillamente reconvirtió los sentimientos y ahora los liberaba.     

   Y la Madre antes de despedirse le anunció…

     “Este es un acto de emancipación sublime. Ve en paz por los caminos de la tierra para conquistar la senda de los cielos.”.

     Hemos trabajado en una de las grandes guerras de nuestros días y recordemos en no llamar a quienes han demostrado su ignorancia y no desean cambiar, pues a este agregado no le es previa ni la razón ni la excusa. Es un absurdo y por él se mata. Estamos ante un frío que penetra en el corazón porque es engendrado en ese mismo órgano.

     Tremendo era el furor de esa batalla y el rumor de sus pisadas. Pisadas a las que llegamos a través de un nuevo encuentro con nuestra divinidad interior para eliminar al que nos esclaviza.

 

 

 Grabación Nº 1868   27/10/07

  

 

Esta vivencia  puede ser divulgada por Amor a la Humanidad pero con la condición,  de hacer un uso correcto, y de no sacar beneficio económico  por ello.

 

Correo Electrónico de Jesús y Montse yeshua9999@yahoo.es   

 

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